BUSCANDO SOLUCIONES PARA LA CRISIS DEL AGRO:

¿En la ventanilla del banco, o

en el pupitre de la escuela?

 

Polan Lacki  E-Mails: Polan.Lacki@uol.com.br  y

Polan.Lacki@onda.com.br

 

 

 

En los países de América Latina tradicionalmente la agricultura fue considerada en forma despectiva como un sector arcaico que simbolizaba el atraso y el subdesarrollo; en tales circunstancias, cuanto más rápido la economía de cada país pudiese disminuir su dependencia de ella, tanto mejor. Se pensaba que país desarrollado debía ser sinónimo de país urbanizado, industrializado, prestador de servicios y exportador de bienes manufacturados.

 

Ahora que en varios países tal ilusión se desvaneció y están apareciendo las consecuencias de este grave error, se está reconociendo que en muchos casos una agricultura moderna y eficiente es la mejor alternativa para empezar a solucionar, a partir de ella, los principales problemas nacionales, inclusive los del sector urbano industrial.

 

Sin embargo la agricultura que gracias a sus inmensas potencialidades podría ser la principal "locomotora" del desarrollo, no está cumpliendo en forma adecuada esta importantísima función; ello ocurre porque debido al histórico abandono del sector rural, los agricultores han sido víctimas de crónicas ineficiencias y distorsiones1, que están presentes dentro y fuera de sus fincas.

 

Se debe fundamentalmente a estas ineficiencias que la gran mayoría de los agricultores, además de generar un excedente muy pequeño, de mala calidad y de obtenerlo con altos costos unitarios de producción, lo vende a precios muy bajos.  La acumulación de estas sucesivas distorsiones origina a su vez las siguientes consecuencias que inciden en forma negativa en el desarrollo económico y social de los países:

 

  .Por falta de rentabilidad los agricultores son expulsados a las periferias urbanas; en éstas sus hijos y nietos desempleados, hambrientos y estimulados por el consumismo caen en la tentación del vicio, la prostitución y la delincuencia porque el campo los expulsa pero, a su vez, la ciudad no tiene la capacidad de absorberlos; así, estos jóvenes quienes desearían, podrían y deberían aportar riquezas y servicios a la sociedad en el campo, se constituyen en una carga para ella en las ciudades.

 

  .En virtud de los altos costos unitarios de producción y del excesivo número de eslabones en las cadenas de intermediación, los alimentos llegan a precios que están por encima del bajísimo poder adquisitivo de la gran mayoría de los consumidores urbanos.

 

  .Debido a los altos costos unitarios de producción y su mala calidad, los excedentes agrícolas no contribuyen a hacer viables y competitivas las agroindustrias nacionales, limitando su capacidad de generar empleos.

 

  .Por las mismas razones mencionadas en el punto anterior, dichos excedentes no tienen competitividad en los mercados internacionales (sobre todo cuando enfrentan la competencia de países que subsidian fuertemente a sus agricultores) y en consecuencia no generan las divisas que cada país necesita para equilibrar su balanza comercial y dar solidez a su economía.

 

En resumen, la agricultura que gracias a sus enormes potencialidades como "generadora" de empleos, ingresos, alimentos, materias primas y divisas podría y debería ser la gran solución para los problemas de los desempleados, de los agricultores, de los consumidores, de las agroindustrias y de la economía global de los países, debido a su lamentable abandono suele constituirse paradójicamente en un gran problema para todos ellos. Es necesario revalorar y elevar el estatus de la agricultura para que ella recupere el papel, que nunca debería haber perdido, como eficiente "solucionadora" de los grandes problemas nacionales.

 

 

¿Evitar causas con conocimientos o corregir

consecuencias con subsidios?

 

 

Durante muchos años los gobiernos intentaron contrarrestar las distorsiones e ineficiencias recién analizadas con subsidios; éstos permitían que el "negocio agrícola" fuese rentable, aun siendo ineficiente en algunos o en todos los eslabones de la cadena agroalimentaria (tranqueras adentro y afuera). Asimismo los gobiernos intentaron corregir, con paliativos de alto costo pero de poca eficacia, las consecuencias urbanas del éxodo rural generando fuentes de trabajo, subsidiando alimentos, construyendo viviendas y otras obras de infraestructura social, y, desgraciadamente, utilizando en el reforzamiento de los aparatos urbanos de represión policial los recursos fiscales que deberían haber sido destinados a la modernización de la agricultura.

 

La desproporción entre la decreciente oferta de subsidios y medidas de asistencia social, por un lado, y las crecientes demandas de los habitantes urbanos, por otro, está evidenciando que es virtualmente imposible satisfacer sus inmensas y urgentes necesidades. Ahora que ya no existen recursos suficientes para adoptar los dos paliativos recién mencionados (subsidios y medidas de asistencia social), sólo queda el camino realista y pragmático de eliminar las causas del éxodo en el campo, en vez de intentar, sin éxito, corregir sus consecuencias en las ciudades.

 

Sin embargo eliminar las causas del éxodo significa, como mínimo, ofrecer oportunidades concretas para que los agricultores puedan tener rentabilidad y competitividad. Esto a su vez requiere como absolutamente imprescindible, que ellos puedan hacer una agricultura moderna y muy eficiente que les permita lograr simultáneamente los siguientes objetivos:

  a)mejorar la calidad de los productos cosechados;

  b)reducir al mínimo los costos unitarios de producción (al disminuir la cantidad y/o el costo de los insumos y al incrementar rendimientos por unidad de tierra y animal); y

  c)incrementar al máximo los ingresos obtenidos en la venta de sus excedentes (al disminuir pérdidas durante y después de la cosecha, al incorporarles valor y al reducir algunos eslabones de las largas cadenas de intermediación).

 

Desgraciadamente las nuevas circunstancias de la agricultura latinoamericana (apertura a mercados subsidiados y falta de recursos para subsidiar a nuestros agricultores) están obligándonos a reconocer que la competitividad sólo podrá ser lograda si los agricultores adoptan las medidas mencionadas en los puntos a y b (y no como consecuencia de utópicas acciones proteccionistas). Asimismo dichas circunstancias nos están señalando que ellos sólo tendrán rentabilidad si adoptan las medidas indicadas en los puntos b y c (y no como fruto de subsidios efímeros y excluyentes).

 

 

Las buenas intenciones no produjeron

los resultados esperados

 

 

Lo imprescindible de modernizar la agricultura como requisito para que ella cumpla con su estratégico papel en el desarrollo nacional es tan evidente y consensual que prácticamente todos los países de América Latina y el Caribe intentaron llevarla a la práctica en los últimos 45 años. Desgraciadamente, como regla general, los resultados fueron muy modestos por no decir decepcionantes: los rendimientos promedio de la agricultura familiar avanzaron muy lentamente, los agricultores continúan siendo expulsados del campo porque reciben precios muy bajos por sus cosechas mientras los consumidores siguen subalimentados paradójicamente porque deben pagar por estos mismos alimentos precios muy altos, y la agricultura en su globalidad está lejos de aportar todo lo que potencialmente podría al desarrollo de los países. Muchos de éstos están exportando cada vez menos productos agrícolas e importándolos cada vez en mayores cantidades; con ello están produciendo peligrosos déficits en sus balanzas comerciales, importando desempleo, manteniendo en la ociosidad valiosos recursos productivos y cambiando para peor los hábitos alimentarios de sus habitantes.

 

Al analizar las causas de los referidos fracasos es fácil constatar que, en los intentos en pro del desarrollo agropecuario, se han cometido los siguientes errores durante décadas:

 

Primer error: Sobreestimar la importancia de las macro-decisiones políticas y económicas que se esperaba fuesen adoptadas por el Congreso Nacional, el Ministerio de Hacienda o el Banco Central y subestimar la importancia de las micro-decisiones técnicas, gerenciales y organizativas que deberían ser adoptadas al interior de las propias fincas y comunidades. Se ignoró el hecho de que las deseadas macro-decisiones políticas no podrían asegurar la rentabilidad del negocio agrícola si al interior de los predios y las comunidades no existiese racionalidad y eficiencia: en el acceso a los insumos, en la producción propiamente tal, en la administración de las fincas, en la transformación/ conservación/almacenaje de las cosechas y en la comercialización de los excedentes.

 

Segundo error: Intentar la modernización de la agricultura a través de un modelo excesivamente dependiente de factores externos a los predios (decisiones del gobierno, servicios del Estado, créditos, equipos de alto rendimiento, subsidios, etc.); sin darse cuenta que:

 

  .en el promedio de los países de esta Región, aun en los mejores tiempos, sólo 10% de los agricultores tuvo acceso a dichos factores en forma completa, permanente y eficiente ignorando el hecho concreto de que estos factores sencillamente no estaban disponibles y/o no eran accesibles para la inmensa mayoría de agricultores; y que

 

  .los problemas tecnológicos y gerenciales de la mayoría de los agricultores son tan elementales (también los errores que cometen y como consecuencia de ello, los bajísimos rendimientos que obtienen) que su solución no siempre, ni necesariamente, depende del aporte de los factores escasos recién mencionados.

 

Se cometió el gravísimo error de no priorizar la generación de tecnologías de bajo costo para que fuesen adecuadas a las circunstancias de escasez de capital y adversidad físico-productiva que caracterizan a la gran mayoría de los productores agropecuarios; si dispusiesen de dichas tecnologías, los agricultores podrían empezar a tecnificar sus cultivos y crianzas, aun cuando no accediesen al crédito. Mientras en el planteamiento político se hablaba de crecimiento agropecuario con equidad, en la práctica cotidiana se adoptaba un modelo convencional de tecnificación que automáticamente excluía a más de 90% de los productores rurales de cualquier posibilidad de modernizarse; consecuentemente para esta gran mayoría de agricultores la dependencia del paternalismo estatal fue apenas retórica. En otras palabras, se pretendió desarrollar el sector agropecuario en base a decisiones políticas que no fueron adoptadas, a servicios del Estado que fueron insuficientes y muchas veces ineficientes y a recursos que sencillamente no existieron en la cantidad necesaria.

 

Tercer error: Sobreestimar la importancia de los factores materiales de desarrollo y subestimar los factores intelectuales; se magnificó el supuesto que los agricultores no se desarrollaban porque no tenían recursos y se minimizó el hecho concreto de que generalmente no lo hacían porque no sabían hacerlo. Se pensó que la modernización de la agricultura era sinónimo de distribución de tierras, créditos, tractores, insumos de alto rendimiento, etc.; y que con el solo hecho de proporcionárselos ellos sabrían:

 

  .utilizar los recursos racionalmente;

  .elegir las tecnologías más adecuadas; y

  .aplicarlas en forma correcta.

 

Se subestimó la crucial importancia estratégica de ofrecer una adecuada formación y capacitación a las familias rurales para que pudiesen emanciparse de la dependencia de aquellos factores externos que eran prescindibles o inaccesibles. No se las capacitó para que supieran adoptar en forma correcta innovaciones tecnológicas, gerenciales y organizativas que les permitirían corregir las distorsiones existentes en los distintos eslabones de la cadena agroalimentaria; se prefirió compensar con subsidios dichas distorsiones, en vez de eliminar sus causas con conocimientos.

 

Arcaísmo en la agricultura:

¿un problema de recursos o de conocimientos?

 

 

Las siguientes son algunas de las consecuencias de esta equivocación de priorizar los factores materiales por sobre los intelectuales:

 

  .Los animales de alto potencial genético que fueron importados (a costos muy elevados) no produjeron las crías, la carne, la lana ni la leche esperada; ello ocurrió fundamentalmente porque el agricultor no fue capacitado (a bajo costo) para producir en su propia finca alimentos de mejor calidad (forrajes y componentes de raciones) ni para mejorar el manejo sanitario y reproductivo de estos animales más exigentes; se prefirió importar más vacas en vez de mejorar el desempeño productivo y reproductivo de las ya existentes.

 

  .La maquinaria cara y generalmente sobredimensionada permaneció ociosa y endeudó a los agricultores, muchas veces excesiva e innecesariamente; el inadecuado laboreo contribuyó a compactar y erosionar el suelo; la falta de capacitación de los operadores acortó la vida útil y bajó la eficiencia de los tractores y sus implementos; las cosechadoras mal reguladas provocaron inaceptables pérdidas en la recolección de granos.

 

  .Las obras de riego (factor más caro) en gran parte quedaron “subaprovechadas” por falta de capacitación de los agricultores (factor más barato); el riego no manifestó sus enormes potencialidades para incrementar los rendimientos porque además de ser manejado en forma incorrecta (en cuanto a cantidad de agua, frecuencia, profundidad, momentos críticos de aplicación, etc.), no se lo acompañó de prácticas agronómicas elementales que permitieran obtener un provecho compatible con los altos costos de las infraestructuras de irrigación; el riego mal manejado desperdició parte del agua y en muchos casos produjo la salinización de los suelos.

 

  .Los agroquímicos (que requirieron divisas para ser importados y crédito oficial para ser financiados a los agricultores) muchas veces eliminaron los enemigos naturales de las plagas y contaminaron el medio, porque los agricultores no fueron capacitados para prescindir de algunos de ellos o para utilizarlos en forma correcta y parsimoniosa cuando eran imprescindibles.

 

  .El crédito, muchas veces oriundo de préstamos internacionales, en vez de liberar a los agricultores de dependencias externas sirvió para endeudarlos a veces innecesariamente, los aprisionó a los banqueros y en muchos casos los hizo perder su propia tierra porque los productores no fueron capacitados para aplicarlo racionalmente. Con demasiada frecuencia el crédito ayudó mucho más a solucionar los problemas del sector financiero y de los fabricantes de insumos y equipos, que propiamente los de los agricultores.

 

En resumen, todos los ejemplos recién descritos demuestran que: a) se hizo lo más difícil y complejo, lo de mayor dependencia externa y lo de más alto costo; b) en contrapartida se dejó de hacer lo más elemental, obvio e indispensable, que era capacitar a las familias rurales; y c) los vendedores de insumos y equipos fueron más convincentes que los difusores de conocimientos (extensionistas). Se proporcionaron factores que por su mayor costo sólo pudieron ser ofrecidos a algunos productores y se dejó de proporcionar factores que por su menor costo podrían y deberían haber sido ofrecidos a todos los agricultores. Se les proporcionaron factores “perpetuadores” de dependencias en vez de ofrecerles factores emancipadores de ellas. Se intentó hacer lo que dependía de recursos escasos (capital) y se dejó de hacer lo que dependía de recursos abundantes (mano de obra, conocimientos y tecnologías apropiadas).

 

Ejemplos similares a éstos se repiten en todos los países de América Latina y confirman las siguientes lecciones adquiridas en estas últimas décadas: a) los aportes de recursos materiales y financieros exógenos a los predios aunque siempre deseados por los agricultores y muchas veces técnicamente deseables, no son suficientes si previa o paralelamente no se capacita a los agricultores para que sepan usarlos racionalmente; y b) en gran parte dichos aportes exógenos serían prescindibles si los productores recibiesen una adecuada capacitación para disminuir su dependencia de ellos, priorizando (no necesariamente reemplazando) las tecnologías de proceso (de conocimientos) por sobre las tecnologías de producto (de insumos).

 

 Todo lo anterior permite concluir que, al contrario de lo que suele afirmarse, la principal causa del subdesarrollo rural no ha sido tanto la insuficiencia de recursos como la falta de conocimientos adecuados para que los agricultores se volvieran: a) menos dependientes de recursos a los cuales no pueden acceder; y b) más eficientes en su utilización cuando estén disponibles. Varios estudios de la FAO avalan fehacientemente esta aseveración2.

 

 

De mantenerse el actual modelo de modernización

será  imposible  lograr la equidad

 

 

Los más recientes indicadores de tendencias señalan que:

 

1.No se vislumbra, en un horizonte previsible, posibilidad alguna de que los gobiernos puedan proporcionar a la totalidad de los agricultores todos los factores clásicos de modernización de la agricultura. En las actuales circunstancias de los países de la Región (neoliberalismo, reducción del aparato del Estado, endeudamiento interno y externo), el referido modelo convencional es absolutamente incompatible con el desafío de la equidad. De mantener dicho modelo como única alternativa de tecnificación, el planteamiento de la equidad seguirá siendo exactamente lo que ha sido hasta ahora, es decir, un simple planteamiento, a veces de buenas intenciones y otras de lamentable demagogia. No tenemos el derecho a continuar ignorando la no factibilidad e incompatibilidad recién mencionadas, no podemos seguir ilusionándonos (y por ende, aunque no sea nuestra intención, ilusionando a los agricultores) de que existe tal posibilidad, porque ello es absolutamente falso; esta “compatibilización” no es posible. Seguir insistiendo exclusivamente en este modelo convencional significaría expulsar del campo a 90% de los agricultores por falta de competitividad y rentabilidad; y para complicar aún más la situación, expulsarlos en circunstancias como las que se describen en el próximo punto.

 

2.No existe la más remota posibilidad de que, en las ciudades, el sector urbano-industrial pueda ofrecerles empleos, casas, alimentos, agua limpia, electricidad, transportes, servicios de salud, etc.; máxime si se considera que: a) generar un empleo urbano cuesta seis veces más caro que hacerlo en el medio rural3; y b) mantener una familia en la ciudad cuesta al poder público 22 veces más caro que mantenerla en el campo4.

 

Entonces, si el desempleo urbano (y las gravísimas consecuencias de marginalidad económica y social que genera) es uno de los problemas más angustiantes del mundo moderno y si la generación de empleos urbanos depende de inversiones para las cuales no existen recursos en cantidad suficiente, el más elemental sentido común sugiere que se prioricen estrategias para la fijación de los agricultores en el campo (a costos muchísimo más bajos) y no la corrección de las consecuencias del éxodo una vez que los migrantes ya llegaron a las ciudades. Sin embargo, dicha fijación sólo ocurrirá si se les ofrecen oportunidades concretas para que puedan aumentar la cantidad y mejorar la calidad de los excedentes que producen, reducir sus costos e incrementar los precios de venta porque estas son las cuatro condiciones mínimas para que ellos puedan aumentar sus ingresos, sin lo que no podrán vivir dignamente en el campo. El gran desafío consiste en que todo lo anterior sólo podrá ser logrado si la agricultura se moderniza tecnológica y administrativamente, con el agravante de que esta modernización ya no podrá ser alcanzada por la vía paternalista de los créditos abundantes y subsidiados, y esto, a su vez, significa que la modernización de la agricultura tendrá que ser lograda a través de una mayor eficiencia, racionalidad y parsimonia en la realización de las inversiones, en la adquisición de la maquinaria y en la aplicación de los insumos externos; la insuficiencia de estos tres factores deberá ser contrarrestada aumentando sus rendimientos.

 

Ante el evidente agotamiento del modelo convencional de desarrollo agropecuario ya no existe ningún motivo ni justificación para seguir, ya sea ingenua o demagógicamente, afirmando a los agricultores que sus problemas serán resueltos principalmente a través de decisiones políticas, servicios del Estado, subsidios y créditos porque no se vislumbra posibilidad alguna de que los gobiernos puedan hacerlo en favor de todos los agricultores. Seguir diciéndolo sólo contribuiría a mantenerlos en una postura de pasividad y dependencia, en circunstancias que nuestros países necesitan en forma urgente que los agricultores tengan actitudes de mayor protagonismo y auto-dependencia en la solución de sus propios problemas. No se puede seguir ignorando o subestimando el siguiente problema de fondo: los gobiernos aunque quisiesen no dispondrían de recursos en cantidad suficiente para proporcionar a la totalidad de los agricultores todos los componentes del modelo convencional de modernización de la agricultura porque este problema de fondo es una importantísima causa del fracaso de los múltiples intentos para promover el desarrollo agrícola. Mientras no se reconozca esta gravísima restricción los problemas no serán resueltos porque este indiscutible obstáculo sencillamente no permitirá que sean solucionados.

 

Todos estos antecedentes requieren un radical y urgente cambio de actitud de los profesionales agrarios y de los líderes rurales en el sentido de entender lo siguiente: de poco sirve seguir intentando (y no consiguiendo) proporcionarles más créditos, más insumos y más equipos si los agricultores no poseen los conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes para que ellos mismos puedan, sepan y quieran5 solucionar sus problemas, con menor dependencia de decisiones y recursos externos a sus predios. Aunque existieran, los recursos externos de poco servirían y seguirían siendo desperdiciados si previo a su otorgamiento no se capacita y estimula a los agricultores para que tengan: a) la auto-confianza anímica para asumir como suya la responsabilidad de solucionar sus propios problemas; y b) la autosuficiencia técnica para empezar la modernización tecnológica y gerencial, a partir del uso racional de los recursos que realmente poseen y la correcta adopción de tecnologías que sean compatibles con dichos recursos.

 

Realismo en reemplazo de perfeccionismos utópicos

 

 

El impasse entre la urgencia de satisfacer las crecientes necesidades de una gran cantidad de agricultores y la no disponibilidad de recursos para hacerlo por la vía convencional, es por demás evidente. Ello exige que, en muchos casos, los profesionales agrarios deberán tener la humildad para postergar las soluciones espectaculares (no para renunciar a ellas), empezando la modernización de la agricultura a través de medidas más modestas y de menor costo para que sean realmente factibles de ser adoptadas por todos los agricultores. Después de que todos lo hagan, es evidente que deberán seguir adoptando en forma gradual tecnologías de mayor costo y sofisticación para alcanzar los más altos niveles de eficiencia y productividad porque sin ellas no podrán insertarse con éxito en los mercados nacionales y especialmente en los internacionales; esto significa que estas soluciones de bajo costo deberán ser el punto de partida y no necesariamente el blanco de llegada. Para que puedan tener rentabilidad y competitividad, los agricultores no pueden renunciar a las tecnologías de punta ni a los insumos modernos porque ellos son importantes complementos que les permitirán lograr altos rendimientos, mejor calidad y menores costos unitarios de producción. En las actuales y muy difíciles circunstancias de la agricultura regional recobra actualidad y vigencia la afirmación de que "sólo partiendo de lo posible se podrá llegar a lo deseable".

 

El impasse entre las crecientes necesidades de los agricultores y las decrecientes posibilidades de los gobiernos en satisfacerlas, recomienda que se haga la siguiente y pragmática reflexión:

 

  .si el único camino para desarrollar a los agricultores es a través de la introducción de innovaciones tecnológicas, gerenciales y organizativas que les permitan corregir las distorsiones existentes en todos los eslabones de la cadena agroalimentaria;

 

  .si por imperativos de orden económico, social, político y ético es necesario que se lo haga sin exclusiones (equidad) ni postergaciones (urgencia); y

 

  .si no existen recursos para alcanzar tal universalización a través del modelo convencional;

 

se concluye que la única alternativa realista consiste en proporcionar a los agricultores los conocimientos (capacitación y tecnologías compatibles con los recursos que realmente poseen) para que ellos mismos puedan solucionar sus problemas: a) con menor dependencia de aquellos factores escasos e inaccesibles antes mencionados; y b) con máxima eficiencia en la utilización de los referidos factores cuando éstos estén disponibles y/o sean accesibles.

 

Todos estos antecedentes indican que la equidad sólo podrá ser lograda a través de un modelo que sea:

 

  .más endógeno, es decir, que el desarrollo esté basado principalmente en el uso racional y en el incremento de la productividad de los recursos que los agricultores realmente disponen, aunque éstos sean escasos;

 

  .más autogestionario de modo que los propios agricultores tengan los conocimientos, habilidades y actitudes necesarios para que se profesionalicen y con ello puedan asumir como suya la responsabilidad de transformar sus problemas en soluciones, emancipándose de aquellas dependencias externas que son reconocidamente prescindibles; y

 

  .más auto-generado6 en el sentido de que parte de los recursos que ellos necesitan para adquirir los factores externos utilizables en las etapas más avanzadas de modernización (semillas híbridas, animales de alto potencial genético, equipos de alto rendimiento, instalaciones, etc.) puedan ser generados en la propia finca; esta autogeneración de recursos deberá ser una consecuencia natural de la progresiva introducción de innovaciones que permitan al agricultor mejorar en forma gradual su eficiencia productiva, gerencial y comercial. En este modelo es la eficiencia la que genera recursos adicionales en vez de esperar que ocurra lo contrario; este es el camino, quizás más difícil y menos espectacular pero seguramente más realista, para que el crecimiento con equidad no siga siendo simple retórica.

 

Al adoptar un modelo de tecnificación en el cual los agricultores sean menos dependientes de factores escasos, automáticamente un mayor número de ellos podrá introducir innovaciones en sus predios. Asimismo, al potenciar insumos materiales que cuestan mucho con insumos intelectuales que cuestan poco, se reducirá el costo de los programas oficiales de desarrollo y con ello los gobiernos podrán beneficiar a un mayor número de personas, dando pasos concretos (no retóricos) para llegar a la equidad.

 

 

La nueva y ampliada responsabilidad

de la extensión rural

 

 

El modelo propuesto exige como requisito previo fortalecer, ampliar y volver mucho más eficientes los servicios de asistencia técnica y extensión rural, ya sean públicos o pertenecientes a las ONGs, cooperativas u otros gremios de agricultores, agroindustrias, o a la iniciativa privada de asesoramiento técnico. Independiente de quienes los auspicien y patrocinen, lo importante es que sus extensionistas tengan real capacidad de solucionar los problemas de los agricultores, muy especialmente de aquella gran mayoría que se desempeña dentro de la escasez de recursos (créditos, insumos modernos, etc.) y de la adversidad físico-productiva (tierras de baja fertilidad, de secano, con relieve accidentado, etc.), y de corregir los errores que las familias rurales cometen no sólo en la etapa de producción sino también en el acceso a los insumos, en la administración de sus predios, en el procesamiento y conservación de las cosechas y en la comercialización de los excedentes.

 

Países que tienen la perentoria necesidad de eliminar el hambre de sus habitantes e insertarse con éxito en el mundo moderno de la competencia internacional no pueden mantener en sus servicios de asistencia técnica a extensionistas que no tienen la suficiente capacidad técnica para solucionar los problemas concretos y cotidianos de los agricultores7, no pueden mantener a sus agentes de extensión recluidos en las oficinas o dedicados a actividades no educativas, máxime cuando se sabe que la agricultura ‑‑hoy más que en cualquier época de su historia‑‑ clama por un eficiente asesoramiento técnico como el más importante e indispensable factor de producción, porque es este eficiente asesoramiento el que proporcionará a los agricultores la autosuficiencia técnica para que, ante el achicamiento del Estado y la eliminación de los subsidios, ellos mismos puedan asumir como suya la responsabilidad de transformar sus problemas en soluciones y de volverse económicamente viables haciendo agricultura.

 

Esta gravísima contradicción entre servicios de extensión ineficientes y extensionistas desempleados por un lado, y una demanda de los agricultores insatisfecha por otro, necesita ser eliminada inmediatamente; las cada vez más debilitadas y “desfinanciadas” instituciones de asistencia técnica y extensión rural, ya sean públicas o privadas, deberán ser apoyadas política y financieramente para que los extensionistas reciban una excelente capacitación, ganen un sueldo compatible con su importantísima misión8, sean liberados del exceso de rutinas burocráticas y tengan las condiciones y estímulos para permanecer en el campo y allí dedicarse exclusivamente a capacitar, organizar y movilizar a las familias rurales para que ellas mismas se encarguen de solucionar los problemas existentes en sus fincas y comunidades. Es necesario que se cree conciencia en la sociedad y en los “formuladores” de las políticas agrícolas, de que "ahorrar" recursos en actividades de asistencia técnica y extensión rural en tiempos de crisis agrícola (cuya solución depende en gran parte de que los agricultores tengan acceso a los conocimientos que son difundidos por los extensionistas), equivaldría a recortar recursos para la munición en tiempos de guerra.

 

Sin embargo, no es suficiente asignarles recursos adicionales y otorgarles mayor apoyo político. En contrapartida las instituciones de asistencia técnica y extensión rural deberán ser exigidas para que, a través de mayor eficiencia técnica, metodológica y administrativa:

 

  .estén más cercanas (geográfica9 y técnicamente) de los problemas concretos y cotidianos que viven los agricultores, tranqueras adentro y tranqueras afuera;

 

  .tengan una real capacidad de ayudar a que los agricultores (tal como son y con los recursos que efectivamente poseen) puedan corregir las ineficiencias tecnológicas, gerenciales y organizativas que existen en sus predios y comunidades;

 

  .adecuen los contenidos de las innovaciones que difunden para que sean compatibles con los recursos que los agricultores realmente poseen. La eficacia de estos contenidos en la solución de los problemas sentidos por los agricultores deberá ser tan evidente que ellos mismos sean sus principales difusores, defensores y legitimadores; que gracias a su excelencia y ventajas dichos contenidos se difundan por sí solos, en forma espontánea. El pragmatismo de los contenidos (prioridad al uso racional de los recursos disponibles y a la correcta aplicación de tecnologías adecuadas, diversificación productiva, “verticalización” del negocio agrícola, autogeneración de recursos en las propias fincas, etc.) deberá contribuir a emancipar a los agricultores de la dependencia de factores externos, en vez de perpetuarla;

 

  .adopten nuevas estrategias y metodologías (multi-medios) para reducir el costo por familia asistida, ampliar en forma muy significativa la cobertura y acelerar y perfeccionar la adopción de innovaciones; la extensión debería privilegiar su atención a grupos organizados de autogestión, en vez de hacerlo a agricultores en forma individual, también debería priorizar los métodos demostrativos (unidades de observación o validación) por sobre los discursivos para que las ventajas de las innovaciones "penetren más por los ojos que por los oídos"; y

 

  .muy especialmente que logren movilizar las familias y comunidades rurales para que un porcentaje realmente significativo de agricultores: a) se profesionalice para emanciparse lo más rápido posible del retórico paternalismo del Estado; b) adquiera mentalidad, actitudes y procedimientos empresariales; y c) obtenga resultados concretos, palpables e inmediatos en términos de productividad, ingresos y bienestar social.

 

Deberá conseguir resultados porque ya no es suficiente que la extensión rural se limite: a presentar intenciones genéricas y abstractas sobre desarrollo rural, a ejecutar más actividades y a evaluar sus logros en base al número de visitas, cursos, reuniones, demostraciones etc. Quienes financian la extensión rural deberán exigir de ella el compromiso de que las referidas actividades sean ejecutadas con eficiencia para que verdaderamente produzcan resultados cualitativos y cuantitativos evaluables y comprobables; si la extensión no es capaz de dar una efectiva contribución a la eliminación de las ineficiencias de los agricultores y a la corrección de las distorsiones de la agricultura no recibirá el apoyo financiero que necesita, ni del sector público ni del privado.

 

Los resultados alcanzados por la extensión rural (en términos de aumento de la producción y productividad, generación de mayores excedentes para el mercado interno/externo, incremento en la recaudación de impuestos, etc.) deberán ser visiblemente superiores a los gastos requeridos para financiar sus actividades; si los costos de la extensión exceden los beneficios que ella produce, difícilmente encontrará a quien tenga interés en financiarla. Estos servicios deberán ser mucho más eficientes en lograr que la mayoría de las familias rurales acelere y perfeccione la adopción de innovaciones para aumentar rápidamente el volumen y la calidad de los excedentes, reducir sus costos, incrementar sus ingresos y mejorar sus condiciones de vida. La búsqueda de la rentabilidad y de la equidad requiere que la extensión rural difunda mucho más rápida y eficientemente los conocimientos tecnológicos ya existentes y utilice estrategias y metodologías mucho más eficaces para que la mayoría de los agricultores adopte las innovaciones de inmediato y en forma correcta.

 

La nueva acción de la extensión rural deberá sufrir una profunda y radical transformación en su orientación. La extensión deberá capacitar a los agricultores ya no para mantenerlos tan dependientes del propio gobierno, del crédito, del subsidio, de la garantía oficial de precios y comercialización, sino capacitarlos con un claro y deliberado propósito de proporcionarles los instrumentos (tecnológicos, gerenciales, organizativos y hasta de actitudes) para que pasen a ser mucho más eficientes y, gracias a ello, puedan emanciparse y volverse menos dependientes de las decisiones del gobierno y los servicios del Estado. Los extensionistas deberán priorizar el incremento de la productividad de todos los factores de producción ya existentes en las fincas antes de sugerir a los agricultores que obtengan dichos factores en mayor cantidad; a modo de ejemplo: si una vaca produce cuatro litros de leche por día, salvo casos excepcionales, el extensionista deberá enseñar al agricultor tecnologías que dupliquen este rendimiento antes de proponerle la solución más cómoda y simplista pero de mayor costo como es adquirir una segunda vaca; la estrategia de priorizar el incremento vertical (rendimiento y productividad) por sobre la expansión horizontal (mayor cantidad de factores) deberá aplicarse a todos los recursos que intervienen en la producción: mano de obra, tierra, animales, equipos, insumos, etc.

 

La extensión rural deberá capacitar a los agricultores y estimular su organización para que ellos mismos constituyan sus propios servicios de acceso a insumos, procesamiento y comercialización, y para que hagan inversiones en conjunto con el propósito de reducir costos, eliminar “sobredimensionamientos” y ociosidades, alcanzar economía de escala y volverse más auto-dependientes. Deberá capacitarlos para que en sus propias fincas o comunidades produzcan parte de los insumos (semillas, abonos, plantones, raciones, etc.) y auto-generen en sus predios los recursos financieros necesarios para adquirir aquellos insumos que no pueden producir. La extensión deberá proporcionarles los conocimientos, habilidades y destrezas para que las familias rurales, al corregir los errores (de producción, administración predial, compra de insumos, almacenaje, comercialización de excedentes, etc.) que actualmente cometen, se vuelvan más autogestionarias, más autosuficientes, más auto-dependientes y consecuentemente menos dependientes de subsidios y otros paternalismos generalmente inaccesibles e ineficaces. La acción de la moderna extensión rural deberá ser esencialmente emancipadora y no “perpetuadora” de dependencias.

 

La extensión rural del futuro, especialmente la privada, deberá ser tan eficaz en su propósito de aumentar los ingresos de los agricultores hasta el punto de que grupos de éstos estén dispuestos a pagar parcial y progresivamente por la asistencia técnica, aunque dicho pago sea efectuado en productos o a través de un porcentaje de las ganancias adicionales obtenidas por los agricultores, como consecuencia de que el extensionista les ayudó a reducir al mínimo los costos unitarios de producción y a incrementar al máximo los precios de venta de los excedentes; parte de la diferencia entre costos de producción disminuidos y precios de venta incrementados pagaría los honorarios de un extensionista que demuestre ser capaz de aumentar las ganancias del grupo de agricultores a quienes proporciona asistencia técnica.

 

 

¿Por qué la extensión rural recobra su importancia?

 

 

Los bajísimos rendimientos promedio de la agricultura latinoamericana10 demuestran en forma clara e indiscutible que la inmensa mayoría de los agricultores aún no está adoptando innovaciones elementales y de bajo costo, a pesar de que éstas ya están disponibles desde hace muchas décadas; no las están adoptando no tanto por falta de recursos sino muy especialmente por falta de conocimientos que los extensionistas podrían y deberían proporcionarles. Demuestran asimismo que es exactamente la no adopción de estas innovaciones elementales (y no de las sofisticadas y de alto costo) lo que está impidiendo que la gran mayoría de los agricultores incrementen los rendimientos recién mencionados. Si las innovaciones elementales, cuya introducción depende apenas de conocimientos (y no de recursos), ya hubiesen sido adoptadas en forma correcta por la mayoría de los agricultores, los rendimientos de la agricultura latinoamericana no serían tan bajos como son en la actualidad. Esto significa que un eficiente servicio de extensión podría y debería ser el factor más determinante para elevar los bajísimos rendimientos de la agricultura latinoamericana y, a través de ello, dar el primer y más importante paso para solucionar los principales problemas de los agricultores.

 

Sin embargo, aunque reforzar y mejorar la eficiencia de la extensión rural sea una condición indispensable para que la agricultura y los agricultores puedan desarrollarse, ello no es suficiente. En virtud de su escasez de recursos, se requiere complementar el esfuerzo de la extensión rural pública y privada con otras alternativas que contribuyan a ampliar y acelerar la difusión de conocimientos a un número significativamente mayor de familias rurales, ojalá a todas ellas. El número de agricultores que necesita ser urgentemente capacitado es de tal magnitud que requiere de la conjugación de varios esfuerzos institucionales, públicos y privados que deben actuar en forma convergente hacia el gran objetivo común que es introducir nuevos conocimientos, habilidades y actitudes en el medio rural; porque en el mundo moderno, de estos insumos intelectuales dependerá en gran parte el éxito de los agricultores.

 

Debido a la magnitud de este desafío y a lo imprescindible de enfrentarlo con urgencia y determinación, es necesario que los servicios de extensión logren contar con la efectiva participación y cooperación de otras instituciones las que actuarían como poderosas agencias multiplicadoras, “facilitadoras”, financiadoras y aceleradoras de sus actividades. Con tal fin, la extensión rural debería hacer un gran y eficiente esfuerzo de motivación y persuasión para lograr que se involucren en actividades educativas (ya sea ejecutándolas, apoyándolas o aportando recursos para el servicio de extensión) instituciones como, por ejemplo, los distintos medios de comunicación11, las agroindustrias ‑ya sean las que fabrican insumos o las que industrializan productos agrícolas12‑ la Iglesia, los gremios de agricultores, las cooperativas, las ONG, las municipalidades y, por sobre todo, las escuelas básicas (o primarias) rurales. Todo ello con el propósito de constituir un amplio movimiento educativo destinado a extirpar del medio rural la gran causa del subdesarrollo, que es la falta de conocimientos de sus habitantes.

 

Introducir nuevos conocimientos y cambiar las actitudes de las familias rurales es tan importante y crucial para todos los sectores del país que justifica plenamente que las referidas instituciones participen activamente de esta verdadera cruzada de salvación nacional; porque tal como se ha mencionado anteriormente, todos los ciudadanos y muchas instituciones del país dependen, directa o indirectamente, del desempeño de la agricultura; ellos son afectados, positiva o negativamente, por su eficiencia o ineficiencia. La extensión rural debería preparar argumentos suficientemente convincentes para demostrar a las mencionadas instituciones que al financiar, apoyar y/o ejecutar actividades de capacitación estarían haciendo una inversión que proporcionaría a ellas mismas importantes ventajas y beneficios; si no consigue demostrárselos difícilmente contará con su adhesión y apoyo.

 

 

¿Por qué las escuelas básicas rurales?

 

 

Sería especialmente conveniente que en esta convergencia de esfuerzos educativos los servicios de extensión trabajasen en estrecha y mutua cooperación con las escuelas primarias rurales, por las siguientes razones:

 

1.El número de familias que requieren capacitación es tan elevado que aunque se decuplicaran los recursos de los servicios oficiales de extensión rural (hipótesis absolutamente insostenible13 ante las actuales restricciones financieras de los gobiernos) éstos difícilmente lograrían tener una cobertura universal14. Debido a la dispersión geográfica de los agricultores resulta difícil para la extensión rural visitarlos o reunirlos para periódicas jornadas de capacitación; tal dificultad es menos acentuada para las escuelas rurales porque éstas ya están reuniendo diariamente a los alumnos y podrían aprovechar esta singular oportunidad para formar casi al 100% de los niños; lo que se constituiría en un logro extraordinario si se considera que la extensión rural no consigue capacitar siquiera al 10% de los adultos.

 

Pero aunque se lograra que la extensión rural llegase a todas las familias, su acción con los adultos continuaría siendo muy dificultada y perjudicada si previamente a ello las escuelas rurales no los formaran adecuadamente; ello ocurriría por los siguientes motivos: a) los agricultores continuarían teniendo dificultades para entender los mensajes técnicos de los extensionistas; b) no valorarían las nuevas tecnologías agropecuarias por no tener conciencia de que a través de ellas podrían solucionar sus problemas; c) los servicios de extensión seguirían encontrando interlocutores malformados, muchos de ellos poco proclives a los cambios, carentes de autoestima y deseo de superación, con mentalidad de subdesarrollo, dependencia y fatalismo y que no creerían que ellos mismos son capaces de solucionar sus propios problemas; y d) los agricultores continuarían sin valorar la importancia de los conocimientos, porque seguirían pensando (como de hecho generalmente piensan) que no podrán solucionar sus problemas mientras no reciban más ayuda del gobierno, más recursos materiales, crédito, subsidios, etc., y no entenderían que lo que más les falta son conocimientos a través de los cuales podrían tecnificar la agricultura y organizar la comunidad rural, y que a través de estas dos medidas realmente factibles podrían empezar a solucionar ellos mismos sus problemas. Lo anterior indica que si queremos desarrollar la agricultura es necesario previamente formar a las familias rurales para que tengan nuevos conocimientos y especialmente para que adopten nuevas actitudes. Sin estos dos importantísimos condicionantes será virtualmente imposible enfrentar con éxito el subdesarrollo imperante en el medio rural.

 

Los actuales desafíos de la agricultura (equidad, sostenibilidad, rentabilidad y competitividad) exigen como conditio sine qua non formar una nueva generación de hombres y mujeres rurales modernos que tengan la voluntad de cambiar y progresar con el fruto de su propio esfuerzo y que tengan los conocimientos, habilidades y destrezas que dichos cambios requieren. Mientras los agricultores tengan actitudes de dependencia y conocimientos arcaicos, los gobiernos no tendrán éxito en sus esfuerzos para enfrentar los cuatro desafíos recién mencionados; eliminar estas dos importantísimas causas del subdesarrollo (fatalismo e ignorancia) es un requisito absolutamente imprescindible para el cual los servicios de extensión necesitan contar con el apoyo de las escuelas básicas rurales.

 

2. Aunque la formación de esta nueva generación de ciudadanos quizás no sea una responsabilidad directa y exclusiva de las escuelas primarias rurales sólo ellas podrán hacerlo por la siguiente y fundamental razón: los adultos rurales, quienes deberían proporcionar estos nuevos conocimientos y actitudes a sus hijos, desgraciadamente no pueden asumir esta función porque no saben hacerlo; sencillamente no pueden enseñarles aquello que ellos mismos nunca tuvieron oportunidad de aprender, ni en sus hogares, ni en las escuelas. Es necesario y urgente que alguien se encargue de romper este círculo vicioso de ignorancia y subdesarrollo; si las escuelas básicas rurales no lo hacen será difícil, por no decir imposible, romperlo, contando exclusivamente con la inadecuada formación que reciben de sus propios padres o con la insuficiente capacitación que reciben de los extensionistas. La nueva escuela primaria rural debería ayudar a desarrollar el gran potencial latente que existe en las niñas y niños rurales para que, después de adultos, ellos mismos tengan la voluntad, auto-confianza y capacidad de tomar decisiones, solucionar problemas, hacer cosas nuevas y ejecutarlas con mayor eficiencia. Si no se adopta esta medida, de las actuales escuelas rurales seguirán desertando o egresando niños con un cúmulo de conocimientos dispersos y poco relevantes, sin la preparación necesaria para incorporarse al mundo del trabajo y sin los valores fundamentales para desempeñarse como futuros padres de familia y ciudadanos.

 

3.Nuestros países tienen el imperativo ético de ofrecer, por lo menos, oportunidades de desarrollo15 a todos sus agricultores pero no disponen de recursos suficientes para hacerlo por la vía convencional. Por este motivo deberán adoptar un modelo centrado en el factor conocimiento16 porque esta es la opción más inteligente para que los proyectos de desarrollo sean de menor costo y tengan mayor efecto multiplicador en el tiempo (perdurabilidad) y en el espacio (replicabilidad). Poner énfasis en el factor conocimiento ayudaría a optimizar la relación costo/beneficio de los reconocidamente escasos recursos que los gobiernos asignan al desarrollo del sector agropecuario porque resulta más económico y duradero desarrollar las potencialidades de los seres humanos que corregir sus debilidades; al reducir sus costos dichos proyectos podrían beneficiar a un mayor número de familias, en el más corto plazo y con un mínimo de gastos en recursos fiscales. Este pragmatismo permitiría avanzar hacia la equidad, con soluciones factibles y eficaces, en vez de seguir ilusionándonos con propuestas espectaculares y utopías inalcanzables.

 

4.Las escuelas básicas rurales podrían proporcionar los conocimientos más indispensables a todos los futuros agricultores, por las siguientes razones:

 

  a)Su cobertura es casi universal, lo que significa que no habría necesidad de gastar los cada vez más escasos e insuficientes recursos fiscales en construir más escuelas; con las ya existentes se podría llegar con un mensaje educativo útil y relevante casi a la totalidad de los futuros agricultores, agricultoras y amas de casa.

 

  b)Los maestros, aunque generalmente mal formados y mal remunerados, ya están contratados y ejerciendo sus funciones; sería necesario recapacitarlos y mejorar sus condiciones salariales. Muchos de ellos viven en las propias comunidades rurales y disponen de tiempo libre que podrían dedicar, primero a aprender (auto-estudio con textos diseñados específicamente para la realidad rural) y después a enseñar los nuevos y más relevantes conocimientos que está exigiendo el medio rural moderno. Con pequeños estímulos anímicos y financieros lo harían con mucho entusiasmo porque se sentirían profesionalmente gratificados al darse cuenta que sus nuevas enseñanzas realmente están contribuyendo al desarrollo de los niños, de sus familias y de sus comunidades.

 

  c)Los materiales educativos, adecuados o no a las necesidades formativas de las familias rurales, siguen siendo elaborados, impresos y distribuidos; sólo sería necesario adecuar sus contenidos a las circunstancias de vida y trabajo imperantes en el medio rural.

  d)Para muchas comunidades rurales la escuela básica es el único servicio de carácter permanente proporcionado por el Estado; si ya es tan poco lo que el gobierno les ofrece debería, por lo menos, cumplir el deber indeclinable de otorgarles una formación de calidad porque es la forma más eficaz de emancipar a los habitantes rurales, transformándolos en personas más autosuficientes y en consecuencia menos dependientes de otros servicios, los que debido a su mayor costo el poder público no está en condiciones de ofrecerles. Esto significa que al mejorar la educación rural el Estado no gastaría recursos adicionales sino que los ahorraría al no necesitar gastarlos en otros servicios públicos; con tal procedimiento estaría haciendo una inversión de bajo costo pero de inmenso efecto multiplicador, en el tiempo y en el espacio.

 

  e)Para la inmensa mayoría de los habitantes rurales el paso por la escuela básica es la única oportunidad en toda su vida de adquirir los conocimientos necesarios para que puedan convertirse en ciudadanos más productivos y gestores más eficientes del desarrollo familiar y comunitario; si es única, con mayor razón tal oportunidad debería ser muy bien aprovechada. Por tal motivo, los habitantes rurales no pueden y no deben abdicar del derecho irrenunciable de exigir una educación emancipadora y los gobiernos no pueden eximirse de esta responsabilidad mínima.

 

  f)Los alumnos ya están matriculados, frecuentan las escuelas y las seguirán frecuentando; si estos nuevos conocimientos responden a sus intereses e inquietudes, seguramente disminuirá el ausentismo y la deserción.

 

  g)La escuela básica, al contrario de lo que ocurre con la extensión rural, recibe a niños sin deformaciones que aún son más moldeables y más proclives al cambio en sus actitudes, valores y comportamientos; es más fácil, rápido y económico formar a un niño que reformar a un adulto17.

 

  h)Los recursos materiales y didácticos que se requieren para equipar “mínimamente” las escuelas rurales a fin de que puedan hacer los cambios aquí propuestos, son de reducido monto: una pequeña biblioteca con textos adaptados a la vida rural, ayudas didácticas adecuadas, instrumentos rústicos para medir y pesar, algunos insumos y herramientas agrícolas, un botiquín de primeros auxilios, etc.

 

En resumen, la puesta en marcha de una educación básica rural más “contextualizada” no necesariamente requiere de muchos recursos adicionales; lo más caro y más difícil ya está hecho y disponible y hace falta apenas lo de menor costo, que es tomar la decisión de hacerlo18. Es decir, no se trata de gastar más recursos fiscales que son reconocidamente escasos sino que se propone aplicar mejor los que ya están disponibles; la peor forma de gastarlos sería seguir haciendo más de lo mismo porque con ello se estaría continuando producir desertores o formar egresados cada vez más dependientes de aquellos exiguos recursos y servicios del Estado. Estos son y serán cada vez más escasos, entre otras razones, porque las personas mal formadas al no tener capacidad (conocimientos y actitudes) para solucionar sus propios problemas, se vuelven cada vez más dependientes del poder público; más ignorancia genera más dependencia. La escuela debería formarlos para que dejen de ser seres apáticos, pasivos y muy dependientes del Estado, debería educarlos con el claro propósito de que se vuelvan cada vez más autogestionarios y más auto-dependientes de sus propias decisiones, de sus propios recursos y de sus propios esfuerzos.

 

Para lograr esta adecuación es necesario disminuir el desencuentro que suele existir entre:

 

  .cómo y qué enseñan las escuelas en la actualidad; y

  .cómo y qué necesitan aprender los niños rurales para que en el futuro ellos mismos puedan, sepan y quieran (tengan auto-confianza y motivación para) solucionar los problemas que existen en sus hogares, predios y comunidades.

 

 

Hacia una enseñanza “contextualizada” y provechosa

 

 

Tales como son en la actualidad las escuelas rurales no pueden cumplir su importantísima función de formar esta nueva generación de hombres y mujeres con los conocimientos y actitudes que está exigiendo el mundo rural moderno. Ellas necesitan de transformaciones radicales para adaptarse a las circunstancias del medio rural ya que su finalidad principal es formar personas con actitudes y valores rurales, con conocimientos, habilidades y destrezas que les ayuden a vivir mejor y producir con más eficiencia en el medio rural; consecuentemente los contenidos de sus planes de estudios deberán ser orientados principalmente a las circunstancias de vida y de trabajo imperantes en el medio rural. Las escuelas deben ser rurales en los procedimientos y actitudes de los docentes19 quienes deben enseñar a los niños a valorar y apreciar la importancia y las grandes potencialidades del medio rural. Las escuelas deben contribuir a arraigar a los niños al medio rural y a concientizarlos de que en el campo también existen oportunidades potenciales de desarrollo, prosperidad y bienestar social, y que consecuentemente ellos no deben ilusionarse con los falsos atractivos de las ciudades.

 

Para cumplir esta nueva función las referidas escuelas ya no pueden seguir proporcionando una enseñanza teórica y abstracta, además de desvinculada de los problemas cotidianos de producción rural, higiene rural, salud rural, alimentación rural y organización comunitaria rural. Las escuelas podrían contribuir con conceptos básicos para que los futuros adultos rurales eleven la bajísima productividad de su trabajo, mejoren su eficiencia productiva y corrijan los errores elementales que a diario cometen en sus hogares (de alimentación, prevención de enfermedades, educación de los niños, etc.).

 

El gran pero ineludible desafío de los tiempos modernos es que las escuelas básicas deberán formar una nueva (en términos de conocimientos y actitudes) generación de agricultores para América Latina y el Caribe; formar hombres y mujeres con confianza en sí mismos, con actitudes y mentalidad de cambio, progreso, desarrollo y protagonismo; y que sean conscientes de que ellos mismos deberán ser los responsables de solucionar gran parte de sus problemas familiares, productivos y comunitarios. Sin embargo ellos no cambiarán de actitudes por el simple hecho de que se les sugiera hacerlo, lo harán en la medida en que adquieran nuevos conocimientos para que lo desconocido se transforme en conocido; mientras no conozcan lo nuevo seguirán decidiendo y actuando en base a lo antiguo. El cambio será más fácil si las escuelas demuestran a los alumnos que después de adultos ellos mismos, a pesar de sus adversas realidades económicas, serán potencialmente capaces de asumir como suya la responsabilidad de solucionar sus problemas, con una menor dependencia de apoyos materiales externos. Las escuelas básicas podrían demostrar a los niños rurales, a través de enseñanzas y ejemplos reales que:

 

  .la pobreza y el subdesarrollo rural no son una fatalidad ante la cual deban conformarse, resignarse o capitular;

 

  .no existen razones económicas, políticas ni mucho menos éticas que justifiquen que las familias rurales no tengan oportunidades para prosperar en su propio medio;

 

  .sus problemas económicos y sociales son solucionables;

 

  .si adquieren conocimientos relevantes y cambian de actitudes, los propios afectados por el subdesarrollo (los habitantes rurales) podrán empezar a solucionar en forma gradual sus problemas de producción, ingresos y bienestar; y

 

  .sólo ellos pueden y deben adoptar las iniciativas y medidas que les permitirán construir un futuro de prosperidad y bienestar familiar, pero que para ello necesitan adquirir nuevos conocimientos, cambiar de actitudes y abandonar ciertos prejuicios que se analizan a continuación.

 

 

Actitudes de dependencia perpetúan y multiplican

situaciones de subdesarrollo

 

 

Las escuelas básicas podrían contribuir a cambiar la mentalidad de los habitantes rurales desterrando algunos prejuicios, tabúes y creencias típicos de personas fatalistas y derrotistas porque éstos, al entorpecer sus iniciativas, contribuyen fuertemente a mantenerlos en el subdesarrollo. Las actitudes y comportamientos negativos y derrotistas que las escuelas podrían ayudar a desterrar son los siguientes:

 

  .pensar que no son capaces y no disponen de los recursos mínimos para solucionar ellos mismos sus propios problemas;

 

  .esperar que las decisiones y recursos para su desarrollo vengan de afuera; pensar que es el poder público el que debe solucionar sus problemas, y atribuir mayor importancia al paternalismo del Estado que a su propio protagonismo;

 

  .tener un limitado horizonte de aspiraciones y escaso deseo de superación, en virtud de su baja auto-confianza y autoestima;

 

  .magnificar la importancia de las autoridades e instituciones públicas y minimizar sus propias potencialidades de desarrollo;

 

  .sobreestimar la importancia de los recursos financieros o materiales y subestimar el valor del conocimiento como factor crucial de desarrollo, no tener conciencia de su propia ignorancia y de la necesidad de eliminarla;

 

  .tener actitudes de pasividad, dependencia, pesimismo, fatalismo y resignación;

 

  .utilizar argumentos exculpatorios (usar excusas para no hacer las cosas o afirmar que nada pueden hacer) e “inculpatorios” (echar la culpa a otros) como justificación para la no solución de sus problemas;

 

  .pedir a terceros, en vez de actuar para romper el círculo vicioso del subdesarrollo y edificar su propio futuro.

 

 

 

 

 

Es necesario que los agricultores puedan asumir

nuevas actitudes y responsabilidades

 

 

Estos valores, actitudes y procedimientos negativos deberán ser reemplazados por otros, más positivos y constructivos que, al devolverles la dignidad y la esperanza, ayuden a los habitantes rurales a forjar su autorrealización; de no hacerlo, se seguirá produciendo cada vez más pobreza, más dependencia y más subdesarrollo, porque las crecientes multitudes de personas criadas en este ambiente ‑‑pobre pero prolífico‑‑ seguirán multiplicándose y produciendo cada vez más pobres y más subdesarrollados. Para ayudar a que ocurra esta reversión de expectativas y actitudes las escuelas básicas rurales podrían adoptar las medidas que se indican a continuación.

 

  .Enseñarles en forma muy simplificada a hacer autodiagnósticos de sus problemas, poniendo énfasis en aquellos cuyas causas son endógenas y que son solucionables por los propios agricultores; este procedimiento contribuiría a exaltar las potencialidades de las familias rurales y con ello volverlas menos expectantes de un desarrollo exógeno y más activas como protagonistas de un auto-desarrollo endógeno.

 

  .Enseñarles a relacionar causas y efectos con el fin de hacerles ver que muchos de los problemas y sus causas están en sus propias mentes, hogares, fincas y comunidades y no tanto fuera de ellos.

 

  .Inculcarles que las propias familias rurales deberán tomar las decisiones e iniciativas para desarrollar las potencialidades existentes en ellas mismas, en sus fincas y comunidades, indicarles que para tener acceso a bienes y riquezas es necesario que previamente ellas mismas los produzcan con abundancia y posteriormente los consuman con parsimonia.

 

  .Estimularlos a que amplíen su horizonte de aspiraciones y tengan voluntad de superación, sean conscientes de que su desarrollo y prosperidad serán fruto y consecuencia de su empeño y esfuerzo personal, tengan auto-confianza y estima para sentirse capaces de enfrentar y transformar su adversa realidad y para volverse más autónomos y menos dependientes de ayudas materiales externas.

 

  .Enseñarles a apreciar los recursos, tradiciones (no tradicionalismos) y cultura del medio rural con el fin de que valoren el trabajo manual, las actividades agrícolas y la vida rural; enseñarles que en el campo existen potencialidades, recursos y especialmente oportunidades que podrán y deberán ser explorados y aprovechados por ellos mismos, cuando adultos.

 

   .Ayudarles a romper el determinismo fatalista que los mantiene en la resignación y pasividad, demostrarles que ellos mismos con su esfuerzo, tenacidad y disciplina, deberán tener la voluntad y capacidad de asumir la responsabilidad de transformar, en vez de perpetuar sus adversas e injustas realidades, y que la mejor forma de progresar a través de su propio esfuerzo es que ellos sigan adquiriendo nuevos conocimientos en forma permanente para que éstos los liberen de las dependencias externas.

 

  .Transmitirles valores, comportamientos y actitudes positivas de auto-confianza y autoestima, honestidad y honradez, puntualidad y responsabilidad en asuntos personales y con terceros, orden y disciplina, compromiso ante el desarrollo familiar y comunitario, espíritu de lealtad, ayuda mutua y solidaridad, conciencia de que sólo el trabajo constante y bien hecho es capaz de generar riquezas y proporcionar bienestar, espíritu de iniciativa, dedicación y perseverancia, amor a la verdad, respeto al prójimo y a sus derechos, hábitos de ahorro e inversión para asegurar un futuro mejor, rechazo a los vicios, a la mentira, a la intolerancia, a la violencia, al egoísmo, al materialismo y al consumismo. En fin, proporcionarles una formación “valórica”, moral y cívica integral para que sean mejores ciudadanos, conscientes no sólo de sus derechos sino especialmente de sus deberes y responsabilidades ante el desarrollo de la familia y la comunidad.

 

Los cuatro cambios necesarios para la formación

de un nuevo ciudadano rural

 

 

Para formar este nuevo ciudadano las escuelas básicas rurales podrían introducir los siguientes cambios:

 

1.Adecuar los contenidos de los programas de estudio

 

Las escuelas rurales, además de cumplir los objetivos y contenidos fijados por el Ministerio de Educación, podrían enseñar conocimientos útiles y habilidades prácticas para que los futuros adultos rurales mejoren su capacidad de solucionar sus problemas cotidianos de vida y de trabajo. Deberían enseñar las competencias básicas pero proporcionándoles algunos conceptos y principios fundamentales mínimos que ayuden a los futuros agricultores a que sepan solucionar, con más protagonismo y auto-dependencia, sus problemas cotidianos de:

 

.cómo producir, administrar el negocio agrícola y organizar la comunidad con mayor eficiencia y racionalidad;

 

.cómo alimentarse en forma suficiente y balanceada en base a los alimentos que ellos mismos deberían producir en sus propias fincas, debidamente diversificadas;

 

.qué normas de higiene y prevención deberían adoptar para evitar las enfermedades de mayor incidencia en el medio rural (diarreas, “parasitosis”, dolencias respiratorias, etc.);

 

.cómo adoptar medidas preventivas y de primeros auxilios ante los accidentes que ocurren con mayor frecuencia en el campo (picadura de insectos, mordedura de serpientes y perros, fracturas, heridas por herramientas, intoxicaciones con plaguicidas, etc.); y

 

.cómo podrían organizarse en forma solidaria para facilitar la solución en común de aquellos problemas que afectan a todos los miembros de la comunidad y que no pueden ser resueltos en forma individual, y, asimismo, para reivindicar sus derechos y lograr que el poder público cumpla con su deber de atender sus legítimos reclamos.

 

Con tal fin las escuelas podrían adoptar las siguientes medidas:

 

  a)Eliminar de los actuales programas los temas de escasa importancia, relevancia y aplicabilidad para los intereses y necesidades de los habitantes rurales; a modo de ejemplo: temas urbanos, complejas ecuaciones matemáticas, animales exóticos, historia de héroes20 de otros países, longitud de ríos y altura de montañas de otros continentes, etc. Estos temas de importancia muy tangencial ocupan actualmente un precioso tiempo que después hace falta para enseñarles lo que es de gran relevancia, como por ejemplo lo que se propone en el próximo ítem.

 

  b)Incluir nociones elementales, principios y conceptos sobre producción agro-silvopastoril, nutrición, higiene, salud, asociativismo, derechos y deberes del ciudadano en la vida familiar y comunitaria, etc. La falta de estos conocimientos es una importantísima (aunque generalmente subestimada) causa del subdesarrollo imperante en las comunidades rurales; se propone que sea la escuela quien los proporcione, porque la gran mayoría de los padres desgraciadamente no saben enseñar estos contenidos a sus hijos y éstos cuando adultos no pueden prescindir de dichos conocimientos.

 

  c)Adaptar las disciplinas tradicionales (matemáticas, geografía, lenguaje etc.) de modo que sus contenidos sean funcionales a las necesidades cotidianas de los habitantes rurales. A modo de ejemplo:

 

.enseñar matemáticas para que los niños aprendan cómo medir y calcular superficies y volúmenes, cómo aplicar regla de tres para calcular proporciones e intereses de préstamos, cómo calcular costos y hacer pequeños presupuestos, cómo hacer conversiones de pesos y medidas, cómo dosificar insumos, cómo calcular porcentajes de germinación, densidades de siembras y rendimientos por superficie, etc.;

 

.reforzar en biología contenidos que les permitan entender por qué es necesario que tengan mejores hábitos de higiene (tener una letrina, consumir agua limpia, ducharse, lavarse las manos antes de comer, cepillar los dientes después de las comidas, etc.) y que les permitan conocer su incidencia en la prevención de enfermedades; los alumnos deberían aprender nociones elementales sobre nutrición humana y animal, vacunaciones y primeros auxilios, etc.; y

 

.enseñar lecto-escritura para que aprendan a interpretar textos de interés para la vida rural, para que entiendan las recomendaciones de los extensionistas, y para que puedan practicar el auto-estudio y expresarse en forma escrita y verbal.

 

Lo anterior significa que "en lugar de considerar la enseñanza de números y letras como un objetivo terminal, se la considere sólo como objetivo instrumental que facilite la formación del educando para la vida y el trabajo rural. El aprendizaje de las competencias básicas (leer, escribir, efectuar las cuatro operaciones, etc.) no debería ser un fin en sí mismo sino un medio"21; un medio instrumental que les permita practicar el auto-estudio después de egresar de la escuela, con el fin de estar mejor preparados para solucionar los problemas concretos que a diario enfrentan en sus hogares, fincas y comunidades. En fin, enseñar preferentemente lo relevante, lo cercano, lo prevalente, lo cotidiano, lo inmediato, lo aplicable, lo deseado, lo anhelado, lo útil y lo necesario; de modo que la educación sea realmente un instrumento para el desarrollo personal, familiar, productivo y comunitario. Al hacerlo los niños tendrían mayor interés por el estudio, el aprendizaje sería más rápido y placentero, y la “repitencia”, ausentismo y deserción disminuirían.

 

2.Elaborar nuevos materiales y textos didácticos

 

Los materiales y textos deberían ser redactados por profesionales en pedagogía, agricultura, salud y comunicación que tengan gran conocimiento y vivencia de la realidad rural. Con tales antecedentes académicos y “vivenciales“ estarían en mejores condiciones de elaborar contenidos que además de realistas y relevantes sean atractivos para la lectura y de fácil comprensión; profesionales sin estos antecedentes no pueden asumir una atribución de tanta responsabilidad22. Dichos materiales deberían estimular a los niños a pensar, a reflexionar y a practicar el auto-estudio, de modo que puedan construir su conocimiento en forma más independiente y activa.

 

Cada escuela debería tener una pequeña pero excelente biblioteca; excelente en el sentido de que sus contenidos temáticos sean de real pertinencia para el mundo rural e interés para los niños, que estimulen su curiosidad, satisfagan sus inquietudes y les hagan sentir el gusto de aprender, que su diseño pedagógico y gráfico atraiga la atención y haga que los alumnos los entiendan con mayor facilidad. El proporcionarles estos pocos pero adecuados materiales contribuiría a que el auto-estudio dejase de ser la aburrida lectura y memorización de textos largos, irrelevantes, abstractos, complejos y mal diseñados para transformarse en algo muy interesante y estimulante para los niños.

 

3.Adoptar nuevos métodos de enseñanza

 

Los métodos pedagógicos deberían ser adaptados con el fin de maximizar la eficiencia de la enseñanza y muy especialmente del aprendizaje; métodos más activos y participativos que estén centrados en el alumno y no tanto en el profesor; que los estimulen a pensar, a reforzar la personalidad, a liberar sus potencialidades y energías latentes, a despertar su motivación y desarrollar su capacidad creativa y emprendedora. Para alcanzar tales objetivos los maestros no deberían enseñar exclusivamente en las aulas, dictando y exigiendo que los alumnos repitan, copien y memoricen hechos históricos, fórmulas matemáticas, gestas heroicas, fechas de guerras, nombres de accidentes geográficos de otros continentes, etc. Se propone sacar a los alumnos del aula y enseñarles sobre temas más inmediatos y más cercanos a su realidad concreta, en vez de enseñarles sobre temas abstractos y lejanos que no les afectan directamente y consecuentemente no les interesan y no los motivan a estudiarlos. En lo posible, enseñarles alrededor de problemas reales y concretos, utilizando los componentes del propio medio, de las fincas, hogares y comunidades, de modo que ellos puedan ver y palpar objetos concretos que utilizan en su aprendizaje; a modo de ejemplo: no mostrar una hortaliza en el afiche cuando se puede sembrar y observar su desarrollo en el patio de la escuela o en una finca, no enseñar fracciones sólo en el pizarrón si se puede hacerlo también cortando una naranja en dos y cuatro partes iguales o una manzana en tres tercios o seis sextos. Cada escuela debería tener una pequeña pero diversificada granja (o por lo menos una huerta) en la cual serían enseñados fundamentos de las ciencias agropecuarias. En la huerta escolar los niños podrían tener situaciones y oportunidades de aprendizaje; aprender trabajando, produciendo y practicando con sus propias manos las enseñanzas recibidas con el propósito de adquirir nuevas habilidades y destrezas; gradualmente las escuelas y sus granjas demostrativas podrían transformarse en centros de capacitación y desarrollo comunitario que formarían y capacitarían a las familias rurales para una vida más agradable y un trabajo más productivo en el campo.

 

Los maestros podrían ofrecer a los alumnos oportunidades de participación en el manejo de actividades escolares y asignarles tareas en forma rotatoria para desarrollar en ellos el creciente y gradual sentido de la iniciativa, creatividad y responsabilidad (control de frecuencia, limpieza del aula, toque de la campana, administración de la biblioteca, cuidado del jardín, responsabilidad por el botiquín de primeros auxilios, etc.). En lo posible, la escuela debería reemplazar y/o complementar la enseñanza abstracta con la concreta, la teórica con la práctica, el estudio individual con el estudio en grupos, el aprendizaje memorístico por el comprensivo, los castigos por los estímulos, el aprendizaje pasivo por el participativo, “cuestionador”23, “problematizador”, crítico y creativo; la enseñanza dentro del aula con la que se imparte fuera de él. Los profesores deberían estimularlos para que adquieran el hábito y la disciplina de seguir estudiando en forma permanente aun después de abandonar la escuela porque, en los tiempos modernos, el desarrollo dependerá cada vez más de la habilidad de las personas para acceder a los conocimientos, seleccionar aquellos que necesitan y saber utilizarlos en su propio beneficio. Asimismo los maestros deberían enseñarles a estudiar y comprender (en vez de memorizar) lo que estudian.

 

4.Formar y recapacitar a los maestros rurales

 

Los actuales maestros rurales, por mejor que sea su voluntad, naturalmente no están en condiciones de alcanzar los objetivos ni de enseñar los contenidos aquí propuestos. Para poder hacerlo deberán ser formados y/o capacitados en estos nuevos conocimientos que pasarían a enseñar y en métodos didácticos más eficientes.

 

El éxito de esta propuesta dependerá del buen desempeño, de la excelencia y motivación de los docentes, por tal motivo será prioritario ofrecerles cursos pragmáticos y prácticos, proporcionarles materiales para el auto-estudio que sean relevantes para su condición de maestros rurales y crear mecanismos sencillos pero eficaces para estimular y premiar a los profesores que busquen auto-capacitarse, superarse y adaptar los contenidos y métodos a las reales necesidades del medio rural.

 

No se está proponiendo que el profesor rural tenga los conocimientos y enseñe a los niños lo que sabe y hace un agrónomo, un médico o un veterinario; tampoco que les enseñe cómo aplicar pesticidas o hacer tratamientos en seres humanos o animales. Se propone que los maestros posean los conocimientos que les permitan enseñar a los niños principios y fundamentos para que los alumnos puedan entender la naturaleza de los problemas y establecer las relaciones que existen entre causas y efectos, que sepan cómo adoptar medidas preventivas para evitar que los problemas aparezcan y que tengan los conocimientos básicos que les permitan solucionar, con mayor autonomía, los problemas más elementales de producción, alimentación, higiene, salud, etc., en vez de esperar infructuosamente que otros lo hagan por ellos. Algunos ejemplos ilustran lo que se está proponiendo:

 

  .al enseñar a los niños que muchas enfermedades, sufrimientos y muertes podrían ser evitadas si las personas adoptasen medidas preventivas (consumir agua limpia, eliminar basuras y excretas, tener buenos hábitos de higiene, combatir los transmisores de enfermedades, vacunarse, etc.) ellos se interesarían en aprender y adoptar las referidas medidas;

 

  .al enseñarles la importancia y ventajas de una alimentación bien balanceada se motivarían a sembrar hortalizas, plantar frutales y criar pequeños animales en sus fincas, y se interesarían en aprender cómo hacerlo en forma correcta;

  .al demostrarles que una muy importante razón por la cual ellos son pobres es que sus propios padres no saben producir con eficiencia, se interesarían en aprender nuevas tecnologías para corregir las referidas ineficiencias.

 

Si la educación básica adoptase tan sólo las cuatro medidas recién descritas, la acción capacitadora de la extensión rural se tornaría mucho más fácil y mucho más eficaz; esto, a su vez, le permitiría ampliar su cobertura y acelerar la introducción de innovaciones en los hogares, fincas y comunidades rurales. En retribución, los servicios de extensión podrían ayudar a las escuelas rurales en la selección de los contenidos, la elaboración de los textos didácticos y la capacitación de los maestros en los nuevos contenidos que pasarían a impartir.

 

 

Conclusión

 

 

Como se ve, introducir estos cambios en los servicios de extensión y en las escuelas básicas con el propósito de formar un nuevo ciudadano rural, no sólo es necesario y posible sino que es especialmente urgente hacerlo. Mientras no se lo haga, las iniciativas clásicas que los gobiernos adopten en pro del desarrollo agrícola seguirán produciendo resultados muy modestos y desperdiciando en gran parte los escasos recursos oficiales porque los destinatarios de tales iniciativas no estarán técnica ni anímicamente preparados para beneficiarse de ellas ni para asumir como suya la responsabilidad por su propio desarrollo, y mientras no puedan, no sepan y no estén motivados para asumirla, sencillamente no podrá haber eficiencia y racionalidad en las fincas y comunidades; lo anterior porque la inmensa mayoría de los agricultores seguirá cometiendo, sin siquiera darse cuenta, errores24 elementales: en el acceso y utilización de los insumos, en la aplicación de técnicas agrícolas, en el uso de los recursos productivos, en el almacenaje de sus cosechas y en la comercialización de sus excedentes. Como consecuencia de lo anterior seguirán produciendo un excedente diminuto, de mala calidad y obteniéndolo con bajos rendimientos; además, continuarán vendiéndolo sin agregar valor en forma individual al primer intermediario que quiera comprárselo. Debido a tales procedimientos, sus costos de producción continuarán siendo muy altos y los precios de venta muy bajos; por estas dos razones sus ingresos serán insuficientes y no les permitirán viabilizarse económicamente haciendo agricultura.

 

De persistir tal situación, los agricultores seguirán siendo expulsados del campo y los gobiernos tendrán cada vez menores posibilidades de cobijarlos en las ciudades, por la sencilla y siguiente razón: si hoy, por falta de recursos financieros, los Gobiernos no logran ofrecerles condiciones dignas de trabajo y de vida en el campo, ¿cómo podrán hacerlo en las ciudades si generar un empleo urbano cuesta seis veces más que un empleo rural?, ¿cómo podrán mantenerlos en la ciudad si ello cuesta para el poder público 22 veces más caro que hacerlo en el campo?, ¿cómo podrán hacerlo si el número de pobres urbanos y sus necesidades económicas y sociales crecen muy rápidamente mientras disminuye la capacidad operativa del Estado y la disponibilidad de sus fondos para satisfacer dichas demandas?. En virtud de tal desequilibrio serán (y de hecho ya están siendo) cada vez menores las posibilidades de que los gobiernos logren dar respuesta a las emergencias urbanas; porque éstas, debido a su magnitud, profundidad y frecuencia se están transformando en hechos rutinarios y generalizados, ante los cuales la opinión pública ya perdió su capacidad de asombro y el Estado su capacidad de solucionarlos.

 

Conviene reiterar que gran parte de los complejos problemas urbanos tienen su origen en el campo y por tal motivo es allí donde se requiere evitar sus causas a bajo costo en vez de intentar corregir, sin éxito, sus consecuencias con altos costos en las ciudades. Es preferible gastar mejor en la educación rural que tener que gastar más en la represión urbana.

 

Todo lo anterior indica que el gran problema que debemos enfrentar es la incapacidad y falta de oportunidades para que las grandes masas de pobres rurales puedan ellas mismas transformar sus problemas en soluciones. De ser así y teniendo en cuenta que el debilitado y “desfinanciado” Estado tampoco puede hacerlo por la vía paternalista, la gran solución consistiría en que los gobiernos les proporcionen lo que más necesitan (conocimientos) como la mejor, más realista y más eficaz alternativa para que ellos disminuyan su dependencia de lo que menos tienen (recursos materiales). El Estado no necesitaría ofrecerles estos últimos si les proporcionase los primeros. La distancia que separa a los ricos de los pobres, más que de orden material es de tipo intelectual, entre los que saben y los que no saben. La ignorancia está anulando todos los esfuerzos que los gobiernos hacen para promover el desarrollo y está destruyendo las bases mismas de la sociedad moderna, en el desempleo, en el vicio y en la delincuencia.

 

 

Una reflexión final

 

 

Mientras no se forme y no se capacite a un nuevo ciudadano rural con conocimientos y actitudes que le permitan hacerse cargo de la solución de sus propios problemas, de poco servirán los grandes volúmenes de crédito, subsidios, obras de infraestructura, tecnologías de punta e insumos de alto rendimiento que el Estado intente ofrecerles. Ninguno de estos deseados o deseables factores materiales será suficiente ni eficaz si previo a ello no se forma y capacita a la familia rural para que SEPA, QUIERA y PUEDA desarrollarse con el fruto de su propio esfuerzo y su propia capacidad.

 

En América Latina existen muchísimos ejemplos de proyectos de desarrollo agrícola y rural que demandaron enormes recursos e inmensos esfuerzos de los gobiernos y de la sociedad, pero que no produjeron los resultados esperados exactamente por subestimar la importancia del factor conocimiento. No tenemos el derecho a continuar ignorando estos ejemplos y reiterando este gravísimo error porque mientras éste persista será virtualmente imposible lograr la equidad, rentabilidad y competitividad en la agricultura latinoamericana.

 

Es necesario y urgente otorgar a los servicios de extensión y a las escuelas básicas rurales el status y prestigio que se merecen y estimular a los extensionistas y maestros rurales para que, además de actuar en conjunto, sean ellos mismos los principales actores de los cambios necesarios. De la eficiencia y la conjugación de esfuerzos de ambas instituciones depende el futuro de los agricultores y la agricultura latinoamericana que están asfixiados, no tanto por falta de recursos sino especialmente de conocimientos.

 

Valdría la pena probar esta saludable conjugación de esfuerzos, no necesariamente a través de grandes, rígidos y complejos proyectos de ámbito nacional (de arriba hacia abajo), sino a través de pequeñas y flexibles experiencias piloto de ámbito municipal o comunitario, a partir de las cuales (de abajo hacia arriba) las agencias locales de extensión rural y las escuelas básicas podrían ayudarse mutuamente para la formación de esta nueva generación de habitantes rurales deseosos y capaces de impulsar su auto-desarrollo.

 

Y para concluir, una reflexión del filósofo y político romano Lucius Annaeus Seneca (4 AC - 65 DC): ¿Será que no nos atrevemos porque las cosas son difíciles o será que son difíciles porque no nos atrevemos?.

 

 

 

Página Web de Polan Lacki :  http://www.polanlacki.com.br

 

 

 

 

1       Estas distorsiones ocurren en la etapa de producción propiamente tal; en la adquisición y utilización de los insumos y equipos; en la administración predial; en el transporte, conservación y almacenaje de las cosechas; y, finalmente, en el procesamiento industrial y comercialización de los excedentes.

2      Quienes deseen conocer la fundamentación técnica de esta aseveración podrán solicitar a la  FAO (Email:  Polan. Lacki@fao.org    Casilla 10095 - telef (562) 3372205 - Fax (562) 3372101, Santiago, Chile) el documento titulado "Desarrollo Agropecuario: de la Dependencia al Protagonismo del Agricultor”;o encontrarlo en la sección “publicaciones” de la siguiente página Web: http://www.rlc.fao.org  En  dicho documento  se demuestra que el arcaísmo de la agricultura más que un problema de insuficiencia de recursos es un problema de inadecuación de conocimientos y que cuando  éstos están  disponibles los recursos  materiales se  vuelven  menos  imprescindibles.

3      Schlotfeldt, C. "O papel da agricultura em uma política de emprego para o Brasil". Edición EMBRATER, 1983.

4      Bittencourt de Araujo, N. Wedekin, I. y Pinazza, L.I. "Complexo Agroindustrial o ­'Agrobusiness' Brasileiro", Edición AGROCERES, 1993, 152 pp.

5      Estén motivados y tengan la auto-confianza que son capaces de hacerlo.

6      La estrategia para lograr la autogeneración de recursos en la propia finca está descrita en el Capítulo 7 del documento "La Modernización de la Agricultura: los pequeños también pueden".Los interesados en obtenerlo, sin costo, podrán dirigirse a la siguiente dirección de E-Mail:  Polan.Lacki@uol.com.br

7      Porque son estos servicios los que deben proporcionarles tecnologías y capacitación, sin las cuales los agricultores no podrán tener rentabilidad ni competitividad.

8      Ante la eliminación de los subsidios y la necesidad de competir en los mercados internacionales es imprescindible que la agricultura se vuelva mucho más eficiente y que los agricultores se profesionalicen; esta es la razón por la cual en el mundo moderno la extensión rural deberá constituirse en la más importante agencia para el desarrollo del agro.

9      En muchos casos es conveniente que los extensionistas vivan en las propias comunidades para no utilizar su valioso tiempo y el escaso vehículo/combustible en hacer largos recorridos desde las ciudades hasta las comunidades y viceversa; e incluso para que la crónica falta de vehículo (o de combustible o de viático) no continúe constituyéndose en motivo o justificación para que los extensionistas dejen de ir y permanecer en las fincas y comunidades.

10      Frejol 782 kg/ha, maíz 2 207 kg/ha, arroz 3 740 kg/ha, sorgo 2 343 kg/ha, trigo 1.677 kg/ha. La vaca latinoamericana produce en promedio cuatro litros de leche al día, tiene su primer parto a los 42 meses (pudiendo tenerlo a los 28) y el intervalo entre pariciones es de 24 meses, pudiendo serlo de 13 meses. De mantener estos bajísimos rendimientos será virtualmente imposible insertarse con éxito en el mundo moderno de la competencia internacional. Estos rendimientos podrían ser sustancialmente mejorados si la extensión rural tan sólo difundiese en forma más eficiente las innovaciones de bajo costo que ya están disponibles y cuya adopción no depende de recursos adicionales; ella sólo depende de que los agricultores estén capacitados y motivados.

11      A éstos en su condición de concesionarios de un servicio otorgado por el poder público se les deberá exigir que cedan espacios e incluyan mensajes “valóricos” positivos y contenidos educativos en sus programas para que contribuyan a formar mejores ciudadanos, educar a la sociedad y difundir informaciones que les sean útiles. De lo contrario, los medios de comunicación seguirán produciendo e idolatrando falsos ídolos y difundiendo anticultura y “antivalores”, como por ejemplo: el consumismo, los vicios, la violencia, el paternalismo, la pasividad, el conformismo y el fatalismo; y actuando como “distractores” de los verdaderos problemas que a diario agobian a los ciudadanos en vez de enseñarles alternativas de cómo solucionarlos.

12      Los servicios de extensión deberían demostrar al sector privado que si se lograra desarrollar al 100% de los agricultores (en vez del 10%) se abriría un inmenso mercado para las agroindustrias que fabrican insumos y además se contribuiría a hacer más viables las agroindustrias que procesan productos agrícolas, porque estas últimas dispondrían de materias primas de buena calidad y a bajos precios. Ambas agroindustrias podrían contribuir a disminuir el crónico déficit operacional de la extensión rural, financiando parte de sus gastos corrientes; en contrapartida ambas serían importantes beneficiarias de la modernización productiva de los agricultores. Asimismo los servicios de extensión deberían demostrar a las autoridades municipales que una agricultura eficiente incrementaría la recaudación de impuestos y disminuiría los gastos y problemas urbanos actualmente provocados por el éxodo rural.

13      Insostenible porque los recursos fiscales son tan escasos que en muchos países no alcanzan ni siquiera para atender a los enfermos en los hospitales públicos, en los cuales suelen morir en los pasillos antes de ser atendidos u hospitalizados, o necesitan esperar meses por una consulta y un examen de laboratorio, o esperar años para poder ser sometidos a una intervención quirúrgica.

14      Aun en los mejores tiempos, cuando los gobiernos tenían estructuras operativas de gran cobertura y disponían de abundantes financiamientos externos, sus servicios de extensión rural no lograban beneficiar ni siquiera al 10% de los agricultores de cada país.

15      Oportunidades en el sentido de que los gobiernos ofrezcan las condiciones mínimas para que aquellas personas que quieren ayudarse a sí mismas, puedan hacerlo.

16      Este factor además de estar disponible en abundancia y de no consumirse cada vez que es utilizado, el único costo que tiene es el de su traspaso, una única vez a los beneficiarios; además posee el gran mérito de poder disminuir la dependencia que actualmente tienen los agricultores de varios factores escasos porque les permite reemplazar insumos materiales por insumos intelectuales (ejemplo: diversificación y rotación de cultivos con leguminosas para reducir el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos).

17      Lo que Juanito no aprendió, no lo sabrá Juan (refrán alemán).

18      No necesariamente la difícil decisión política del gobierno nacional o provincial, sino muy especialmente la decisión política de los alcaldes y la decisión personal de los propios maestros; estas dos últimas en muchos casos serían suficientes para que la educación fuese más relevante a las necesidades del medio; estas decisiones locales podrían ser adoptadas sin provocar conflicto y sin depender de que sean formuladas nuevas políticas de ámbito nacional o provincial. Las nuevas políticas de descentralización educativa posibilitan y estimulan tales iniciativas a nivel municipal o comunitario.

19      Para que puedan hacerlo es evidente que se requiere capacitar a los maestros y proporcionarles los estímulos que sean necesarios y adecuados para tal fin.

20      Se deberían exaltar menos las glorias del pasado y dedicar este tiempo y esfuerzo a construir el hombre del futuro; enseñar menos sobre los héroes de las revoluciones y guerras convencionales y más sobre qué y cómo los agricultores deberían hacer para promover la revolución productiva y la guerra contra la miseria y el subdesarrollo imperantes en el medio rural.

21      Oliger, J., s.f. Educación para el Desarrollo Rural, Santiago de Chile, mimeo.

22      El potencial de desarrollo de los habitantes rurales no puede ser cercenado ni entorpecido por contenidos y materiales inadecuados, elaborados por profesionales urbanos y teóricos quienes al no haber vivenciado la realidad rural no están preparados para discernir los contenidos que son esenciales para los habitantes rurales de aquellos que no lo son.

23      Los niños deberían ser estimulados a preguntar y no sólo a responder.

24      No por culpa de ellos evidentemente.