La causa más profunda de la pobreza rural y una propuesta eficaz para empezar a eliminarla definitivamente - Polan Lacki


Las personas no saben el mal que nos hacen con el bien que nos quieren hacer - Almada Negreiros


La medidas populismo-paternalistas para erradicar la pobreza imperante en el campo son ineficaces y están destruyendo la dignidad de los pobres rurales. Ya sea con buenas intenciones o con lamentables propósitos demagógico-electorales están causando un enorme daño a los agricultores y a la agricultura, aquellas personas que:


1) Siguen diciéndole a los productores rurales apenas aquello que les es agradable oír: como por ejemplo, que ellos son muy eficientes y que las causas que originan sus problemas, están fuera y muy lejos de sus fincas y comunidades; que dichas causas están en los gobiernos de los países ricos que subsidian y protegen a sus agricultores, que están en los gobiernos de sus propios países que no los subsidian ni los protegen, en el colonialismo, en el imperialismo, en el neoliberalismo, en el costo país, etc. Y que, consecuentemente las soluciones no deben ser adoptadas por nuestros agricultores, sino que por los gobiernos de los países ricos que distorsionan el comercio internacional, por la OMC, por el FMI, etc.; y, domésticamente, por el Banco Central, el Ministerio de Hacienda/Economía y el Congreso Nacional. Al apuntar causas, reales o imaginarias, que los agricultores sencillamente no pueden eliminar, tales mensajes están conduciéndolos a la pasividad, porque indirectamente están diciéndoles que sigan esperando y protestando, porque:


a) si los agricultores no son los causantes de sus dificultades económicas, tampoco deberán ser los solucionadores de sus problemas y que;


b) si las causas de sus problemas están fuera de sus fincas/parcelas, las soluciones también deberán ser buscadas fuera de sus tranqueras.


2) No dicen a los agricultores aquello que ellos deberían oír, como, por ejemplo:


a) Que en el corto y mediano plazo, son extremadamente remotas, por no decir nulas, las posibilidades de que esos factores externos sean eliminados. Las razones para esta afirmación son las siguientes:


- aunque digan lo contrario, los gobiernos de los países ricos están demostrando que seguirán, hasta dónde puedan, protegiendo y subsidiando a sus agricultores y;


- aunque no lo reconozcan públicamente, los debilitados y endeudados gobiernos de los países pobres están demostrando que no disponen de fuerza política para impedir que los países ricos sigan haciéndolo; y, lo que es peor, no disponen de recursos financieros para imitarlos subsidiando a sus propios agricultores.


Mientras los productores latinoamericanos no tengan plena conciencia de la absoluta no-factibilidad de estas dos reivindicaciones,


- seguirán perdiendo tiempo y oportunidades, porque sus atenciones estarán dirigidas a supuestas causas externas que ellos no pueden eliminar, siendo que en ciertas circunstancias, sería mucho más fructífero que se dedicasen a las causas internas que ellos mismos pueden y deben eliminar y;


- seguirán preguntándose "que es lo que el gobierno puede hacer por nosotros" en vez de preguntarse "que es lo que nosotros mismos podemos hacer para no necesitar del gobierno".


b) Que estos factores externos, aunque no deban ser subestimados, están muy lejos de ser las principales causas del fracaso económico de los agricultores latinoamericanos; por esta razón su eliminación no sería eficaz en la solución de sus problemas, pues significaría "combatir la fiebre en vez de eliminar la infección y, especialmente, las causas que la originan".


c) Que estas reivindicaciones serían hasta prescindibles si nuestros agricultores eliminasen las ineficiencias tecnológicas, gerenciales y organizativas que ocurren en los distintos eslabones del negocio agrícola; pues, es debido a ellas que sus costos unitarios de producción son innecesariamente altos y los precios de venta de sus cosechas son innecesariamente bajos. Y, seamos realistas, es exactamente en esta diferencia – entre costos de producción y precios de venta – que se origina la falta de rentabilidad y de competitividad; y, es en esta diferencia también que se origina el exceso de dependencias y vulnerabilidades a los factores externos que les son, y seguramente seguirán siendo, muy adversos.


d) Que, en definitiva, son las ineficiencias del negocio agrícola que ocurren dentro y fuera de las tranqueras, los principales enemigos de la agricultura; ellas deben ser corregidas con conocimientos y no premiadas con subsidios, y esta corrección depende mucho más de la capacidad de los agricultores que de la elocuencia de los políticos o de la generosidad de sus gobiernos. Cuanto mayor sea la eficiencia técnica, gerencial y organizativa de la agricultura, mayor será su rentabilidad y menores serán sus dependencias y vulnerabilidades ante aquellos factores externos que los agricultores no pueden controlar; este debe ser el punto de partida si queremos enfrentar los problemas, con realismo y objetividad.


Es evidente que los agricultores no son los culpables de los errores que cometen. En realidad ellos son víctimas de nuestro obsoleto, disfuncional e ineficaz sistema educativo rural, desde las escuelas básicas rurales, escuelas agrotécnicas y facultades de ciencias agrarias, hasta los servicios de extensión rural. Con pocas excepciones, estas instituciones no están proporcionando, ni a los extensionistas y ni a los agricultores, la autosuficiencia técnica, teórica y práctica, que ellos necesitan para corregir las ineficiencias y solucionar los problemas de la agricultura. En definitiva, la mala calidad de la enseñanza agrícola es la gran causa del subdesarrollo rural; y por lo tanto, la mejora en su calidad deberá ser la gran solución.


En resumen, estamos complicando innecesariamente los problemas de los agricultores y las supuestas causas que los originan; y con esto, haciendo con que las soluciones convencionales no sean factibles. Entre otras razones, porque:


I) estamos dando demasiada atención a los "especialistas" llenos de teorías pero vacíos de realismo y de objetividad, y a los "defensores" de los productores rurales, quienes les dicen lo que ellos quieren oír y no lo que ellos deben oír y;


II) estamos ignorando que los agricultores realmente eficientes resuelven sus problemas económicos, comprando insumos y haciendo inversiones en conjunto, diversificando la producción y obteniendo altos rendimientos por hectárea y animal, mejorando la calidad y agregando valor a las cosechas y comercializándolas con menor intermediación.


Y lo más interesante es que estos agricultores eficientes logran tener rentabilidad sin necesidad de viajar a Bruselas, Ginebra o Washington (sedes de la Unión Europea, de la Organización Mundial del Comercio y del gobierno de los EUA, del Banco Mundial y del FMI respectivamente), pues lo hacen directamente en sus fincas y comunidades. Tampoco tienen tiempo para viajar a la capital de su país para quejarse de la falta de créditos y de subsidios o para solicitar que el gobierno prohíba la importación de productos agrícolas; pues prefieren dedicar ese tiempo a mejorar su eficiencia técnica y empresarial y, gracias a ésta, convivir con la falta de esos artificialismos o sencillamente prescindir de ellos.


Los conceptos incluidos en este artículo están técnicamente fundamentados en documentos disponibles en la Página Web http://www.polanlacki.com.br Allí usted también encontrará sugerencias destinadas a simplificar, descomplicar, "desideologizar" y despolitizar la solución de los problemas de la agricultura, haciéndolo a través de medidas más realistas y objetivas. Dichas sugerencias proponen extirpar de la agenda agrícola y rural las "recetas" populistas, ingenuas, emocionales y demagógicas, a través de las cuales, durante tantos años y décadas, los agricultores están siendo ilusionados y engañados. Críticas al artículo serán bienvenidas al E-mail: Polan.Lacki@onda.com.br