Los programas paternalistas de erradicación de la pobreza rural deben ser reemplazados por una educación que ayude a erradicarla – Polan Lacki



Una reflexión introductoria: Mientras yo redactaba este mensaje, coincidentemente, se me acercó, muy aburrido, un niño de 8 años alumno del segundo año de primaria para solicitar que le ayudara a memorizar las tareas de casa. Al mostrarme los textos didácticos sobre arácnidos que, con tal fin, la escuela le proporcionó, encontré lo siguiente: que las arañas poseen un par de pedipalpos y que ellos están ubicados en el cefalotórax, pero ninguna información útil para que los niños eviten ser dañados por dichas arañas. Esto significa que el memorizar los vocablos pedipalpos y cefalotórax no sirvió para nada. En una otra oportunidad en un libro texto de una escuela también primaria encontré una larga descripción sobre lo siguiente: “Esquema de funcionamiento de los pies ambulacrales de los equinodermos". Estos dos ejemplos indican que nuestra educación necesita volverse mucho más realista, más objetiva, más funcional y más pragmática en sus contenidos curriculares y en sus métodos pedagógicos.



En los últimos 50 años prácticamente todos los gobiernos nacionales de América Latina ejecutaron  reiterados y muy costosos programas con el objetivo de erradicar la pobreza rural. Con tal fin, realizaron reformas agrarias, distribuyeron maquinaria, animales de producción, semillas e insumos modernos, otorgaron créditos subsidiados y posteriormente refinanciaron y condonaron las deudas, concedieron garantías oficiales de precios y de comercialización de sus cosechas. Estos programas paternalistas, con rarísimas excepciones,  han sido y siguen siendo sinónimos de gigantescos derroches de recursos públicos y de reiterados fracasos. Y siempre han fracasado porque los beneficiarios de dichos programas, no recibieron una adecuada formación y capacitación; y por esta razón sencillamente, no sabían cómo transformar estos apoyos materiales y financieros en más producción y más ingresos familiares. La inadecuada e insuficiente educación rural fue y sigue siendo la causa de fondo de los sucesivos fracasos de estos programas. Y, mientras no reconozcamos que este prerrequisito educativo es absolutamente imprescindible, todos estos programas de erradicación de la pobreza rural seguirán fracasando.



Entonces, si la principal causa de la pobreza rural reside en la insuficiencia/inadecuación de conocimientos, la solución para erradicarla no puede ni debe ser otra. En una primera etapa la prioridad no debe consistir en proporcionarles más créditos, más tierra y más animales, sino que capacitarlos para que ellos sepan qué y cómo hacer para mejorar la bajísima productividad de la mano de obra familiar, de la tierra y de los animales que ellos ya utilizan, sean propios o de terceros.



Un diagnóstico técnico , no político-ideológico, de las causas eliminables de la pobreza rural y las posibilidades concretas de que los propios pobres, después de adecuadamente capacitados, puedan eliminarlas están claramente descritos y técnicamente fundamentadas en los siguientes tres textos: 



1. Un mensaje de esperanza a los pequeños agricultores: la rentabilidad ya está al alcance de todos



2. La modernización de la agricultura: los pequeños también pueden. Estos dos primeros textos están disponibles, en forma gratuita, en la sección “Artículos del autor” de esta primera página web www.polanlacki.com.br



3. Desarrollo agropecuario: de la dependencia al protagonismo del agricultor. Este texto está disponible, también en forma gratuita, pero en esta segunda página web www.polanlacki.com.br/agroesp



Y entonces, si ya sabemos qué y cómo hacer para erradicar la pobreza rural ¿por qué no la erradicamos de una vez? No lo hacemos porque, en vez de formar y capacitar a los pobres rurales para que puedan mejorar su desempeño productivo, estamos politizando e ideologizando el tema de la pobreza rural y confundiendo a los pobres del campo con los dos siguientes planteamientos, ambos totalmente equivocados e improductivos/inocuos:



a. Primer planteamiento equivocado e improductivo/estéril. Seguir diciendo a los pobres rurales que ellos son pobres por culpa del colonialismo, del  imperialismo, de las políticas del Banco Mundial y del FMI, de la globalización de los mercados,  del neoliberalismo, de los subsidios y proteccionismos que los países ricos conceden a sus agricultores: Este planteamiento, es equivocado e improductivo por dos motivos: en primer lugar es equivocado porque la incidencia de estos supuestos enemigos del extranjero, en el fracaso económico de nuestros productores rurales, es ínfima por no decir nula; en segundo lugar, es improductivo porque ni siquiera las más altas autoridades de nuestros países latinoamericanos tienen la más remota posibilidad y fuerza política para poder acabar con estos supuestos ocho causantes de nuestra pobreza rural, recién mencionados.



b. Segundo planteamiento equivocado y también totalmente improductivo: Proponer que nuestros gobiernos sigan adoptando aquellas añejas medidas paternalistas, que en las cinco décadas anteriores ya han demostrado su más absoluta ineficacia, tales como: distribución de tierras, créditos, maquinaria e insumos modernos, refinanciaciones y condonaciones de deudas, etc. Personalmente no logro entender cómo, después de 50 años de estar aplicando, esta misma y siempre fracasada “receta” paternalista, aún sigamos ilusionando a los productores rurales con estas utopías, que tienen las dos siguientes debilidades: primera debilidad: son absolutamente no factibles de ser llevadas a la práctica porque nuestros endeudados y desfinanciados gobiernos, aunque quisiesen, no dispondrían de recursos suficientes para poder proporcionar estos ingredientes de la receta paternalista a todos los pobres rurales; máxime porque varios ingredientes de dicha receta los gobiernos tendrían que distribuirlos año tras año; segunda y más grave debilidad: estas propuestas populistas, en vez de levantar la autoestima de los pobres rurales y despertar su deseo de superación, están destruyendo su dignidad, al acostumbrarlos a recibir alimentos y otras riquezas, en vez de capacitarlos para que ellos mismos sepan producirlas, con el fruto de su propio y más eficiente esfuerzo.



Por todas estas razones ya no tenemos motivos para seguir insistiendo en estos lirismos e ingenuidades. Necesitamos deponer, inmediata y definitivamente, estos dos mediocres planteamientos demagógico-populistas los que, en vez de erradicar más bien están perpetuando la pobreza rural. Y reemplazar estos planteamientos por una educación que desarrolle las potencialidades latentes y las capacidades de los habitantes rurales, para que ellos mismos quieran, sepan y puedan corregir sus ineficiencias de producción, de administración rural y de comercialización de sus cosechas; y con ello prescindir del retórico paternalismo estatal.



Todo lo anterior recomienda la adopción de la siguiente medida: eliminar de nuestras instituciones educativas rurales sus evidentes y profundas disfuncionalidades e ineficiencias. Porque dichas instituciones que deberían ser las más eficaces eliminadoras de la pobreza rural son, por acción o por omisión, las principales causantes de dicha pobreza. Me refiero concretamente a la necesidad de mejorar dramáticamente la gestión/administración, los contenidos curriculares y los métodos pedagógicos de las siguientes instituciones:



a) Facultades de educación/pedagogía, institutos de formación docente y/o escuelas normales que están formando, con profundas debilidades, los futuros maestros de las escuelas fundamentales/primarias. 

b) Escuelas fundamentales/primarias rurales, las que deben adecuar sus contenidos curriculares a las necesidades de vida y de trabajo imperantes en las comunidades rurales

c) Facultades de ciencias agrarias que se han vuelto muy teóricas y urbanizadas 

d) Servicios de asistencia técnica y extensión rural.



Si hasta ahora no ha sido posible mejorar la calidad de la educación desde arriba hacia abajo tal vez podamos hacerlo desde abajo hacia arriba.



Es necesario reconocer que en las últimas décadas los gobiernos latinoamericanos han realizado múltiples intentos para reformar y mejorar la calidad de la educación pero estas intenciones no se han traducido en mejoramientos cualitativos en estas cuatro instituciones educativas recién mencionadas. Y los educadores siempre han estado orientados y acostumbrados a esperar que las decisiones y los recursos para mejorar la educación vengan desde las altas autoridades de los ministerios y/o secretarias provinciales de educación; y como ellas pocas veces o nunca llegan los cambios necesarios para mejorarla pocas veces o nunca ocurren. Por esta razón sería conveniente delegar y estimular a que los propios directores y profesores de cada facultad o escuela reemplacen el esperar por el actuar con pragmatismo; en el sentido de mejorar lo que puede ser mejorado con los recursos que ya están disponibles. En el caso de las muy rezagadas escuelas fundamentales/primarias rurales, tal iniciativa podría contar con el apoyo de la alcaldía municipal, de la agencia municipal de extensión agrícola y de las comunidades rurales. Los maestros podrían diseñar y proponer mini reformas curriculares y pedagógicas en sus respectivas escuelas, introduciendo aquellos muchos y muy eficaces cambios/mejoramientos, elementales y primarios, cuya adopción no depende de recursos adicionales ni de altas decisiones políticas. Porque, lo más probable, es que las decisiones y los recursos adicionales, desde arriba hacia abajo, tal como ocurrió en los últimos 50 años, seguirán no llegando.



Afortunadamente, muchas de las distorsiones actualmente existentes en las instituciones educativas podrían ser evitadas, corregidas y/o eliminadas por sus propios directores y profesores. Porque ello depende, en primerísimo lugar, de la capacidad, del liderazgo y de la autoridad del director de la unidad educativa, en el sentido de motivar y despertar en los educadores actitudes y voluntades más proactivas y más constructivas; empezando por la introducción de mejoramientos sencillos que pueden ser introducidos inmediatamente, como estrategia para romper la inercia que está instalada en dichas instituciones y estimular a los educadores a que sigan proponiendo e introduciendo cambios de creciente amplitud y profundidad.



Esta propuesta para empezar las innovaciones educativas rurales desde abajo hacia arriba está inspirada en las siguientes constataciones de lo que verdaderamente ocurre en la vida cotidiana de nuestras instituciones educativas: en primer lugar porque, durante varias décadas, sus propios directores y profesores han sido testigos que  de las altas autoridades de los gigantescos, burocratizados y politizados ministerios de educación, es muy poco o casi nada lo que ellos pueden  esperar; en segundo lugar porque en estas cuatro instituciones educativas están instaladas distorsiones e ineficiencias de fácil solución que ellos mismos podrían evitar, corregir y/o eliminar, sin necesidad de contar con recursos adicionales y/o decisiones superiores; en tercer lugar porque si los mencionados educadores de base, no empiezan a hacerlo desde abajo hacia arriba, lo más probable es que nadie lo hará y los pobres rurales serán condenados a conocer una otra pobreza mucho más destructiva y dramática; la pobreza de las periferias urbanas en las cuales sus familias estarán expuestas al desempleo, al hambre, al narcotráfico, a la prostitución y a la delincuencia generalizada.



Ofrecimiento de textos gratuitos con propuestas, intencionalmente simplificadas, que los propios directores y profesores podrán adoptar para mejorar el desempeño de las cuatro instituciones de educación agrícola mencionadas en esta exposición. Los interesados en saber cuáles son estos documentos y cómo obtenerlos, en forma gratuita, podrán contactarme a través del e-mail Polan.Lacki@onda.com.br Al mismo e-mail también podrán dirigirse quienes deseen manifestarme sus críticas y sugerencias para mejorar el contenido de esta exposición, las que serán muy bienvenidas.