¿Qué haría yo si, después de cinco décadas, volviese a ser un extensionista?   Polan.Lacki@onda.com.br

 

 

 

Una reflexión introductoria como respuesta a esta pregunta: Yo afirmaría a los productores rurales, pobres víctimas de un sistema de educación de pésima calidad, lo siguiente: Si sus vacas producen apenas 4 litros de leche al día y un ternero cada 22 meses, si sus novillos necesitan ocupar la tierra cara y escasa durante 40 meses para alcanzar el peso de faena/sacrificio, si los novillos producen apenas 75 kg de carne/año; y si cada hectárea de tierra produce apenas 4.000 kg de maíz, 2.300 kg de trigo y 900 kg de frejol, ( estos son los rendimientos promedio de la agricultura y de la ganadería latino-americana Brasil incluido ). Si esto ocurre significa que no les faltan vacas, ni reforma agraria, ni créditos, ni subsidios, ni maquinaria o instalaciones sofisticadas; a ustedes les faltan conocimientos actualizados, espíritu solidario/cooperativo con sus vecinos, actitudes proactivas, deseos de superación a través de  su propio y eficiente esfuerzo;  para que quieran y sepan corregir sus  ineficiencias, aplicando, de manera correcta, medidas de bajo o cero costo ( tales como las que están descritas en este artículo ) que les permitirían triplicar estos bajísimos rendimientos recién mencionados. Definitivamente, luego  de haber trabajado durante 50 años como extensionista en 19 países latinoamericanos, he aprendido que la causa de las causas de la pobreza rural está silenciosamente instalada e ignorada en nuestro disfuncional y anacrónico sistema de educación rural. Urge desactivar esta fábrica de pobres rurales.   

 

Cuando cumplí 50 años de ejercicio profesional como ingeniero-agrónomo extensionista he decidido celebrarlo con la siguiente reflexión: qué haría yo, si después de cincuenta años, tuviese que empezar todo, otra vez. Si ello ocurriese yo no atribuiría a los demás/a los otros la culpa por los problemas de los agricultores, no pediría que los demás solucionen sus problemas, no solicitaría que los gobiernos otorguen más créditos o subsidios a nuestros productores rurales, tampoco reivindicaría que los países ricos dejen de concedérselos a sus privilegiados agricultores. Adoptaría tal actitud por estar convencido de que, seguir haciendo estos planteamientos equivocados y estériles significaría perder tiempo; y por entender que existen medidas muchísimo más constructivas y urgentes que un auténtico extensionista puede y debe adoptar. En reemplazo a todo lo anterior yo trataría de desarrollar nuevas capacidades, nuevas competencias y nuevas actitudes en las familias rurales para que ellas mismas adquieran la voluntad y la capacidad de resolver sus problemas, sin necesitar de ayudas paternalistas. Con tal fin haría algo tan sencillo como lo descrito en los próximos ítems:

 

1) Invitaría a los productores rurales a un diálogo franco y realista en el cual les diría, sin rodeos ni medias palabras, lo siguiente: no pierdan tiempo esperando que los gobiernos, actuales o futuros, solucionarán los problemas de ustedes, pues tal posibilidad es extremadamente remota; no necesariamente porque los gobernantes no quieran hacerlo, sino porque no reúnen – y no reunirán en un futuro previsible – las condiciones políticas, operativas ni financieras para hacerlo en pro de todos los productores rurales. En virtud de la crónica y creciente debilidad de los servicios oficiales de apoyo al agro les propondría que adopten la medida radical de empezar a emanciparse de la dependencia del paternalismo gubernamental que es excluyente, ineficaz y sorprendentemente prescindible.

 

2) A efectos de demostrarles que ellos pueden disminuir su dependencia de ayudas paternalistas y que ellos mismos pueden solucionar sus problemas, les diría y demostraría lo siguiente:

                                                             

a) que, sin quererlo y sin darse cuenta, ellos mismos están cometiendo errores que son las principales causantes de sus problemas económicos y que, como consecuencia, ellos mismos pueden y deben evitarlos, corregirlos y/o eliminarlos; les describiría cuáles son esos errores y les indicaría qué y cómo deben hacer para eliminarlos.

b) para confirmar que las ayudas del paternalismo estatal no son tan imprescindibles como suele afirmarse, les describiría varias alternativas para mejorar los ingresos familiares, que ellos podrían adoptar, sin necesidad de contar con decisiones políticas ni de recursos adicionales a los que ellos ya utilizan, sean propios o de terceros.

 

3) Les advertiría que, en el marco de los tratados de libre comercio, de la globalización de los mercados y del neoliberalismo, ellos sólo podrán sobrevivir como agricultores o ganaderos si son muy eficientes. Sin embargo, les añadiría que necesitan ser eficientes no apenas en la producción propiamente tal, sino también en la administración de sus fincas, en el acceso a los insumos y en la comercialización de sus excedentes. Les diría que los agricultores parcialmente eficientes o ineficientes, desafortunadamente no podrán seguir siendo productores rurales y tendrán que dedicarse a alguna otra actividad. Con el fin de que todos los agricultores, inclusive los más pobres, tengan reales oportunidades de seguir siendo productores rurales, les recomendaría iniciar dicha "eficientización", adoptando varias medidas correctivas sencillas, que aun siendo de bajo o cero costos,  son mucho más productivas y más eficaces en el mejoramiento de la rentabilidad. Les demostraría que, en una primera etapa de tecnificación, ellos pueden volverse más eficientes, aunque no cuenten con animales de alto potencial genético, maquinaria sofisticada ni tecnologías de punta, pues en dicha etapa inicial, estos factores escasos y de alto costo, suelen ser prescindibles. Para demostrarles dicha “prescindibilidad”, les describiría varias medidas que, aun siendo de bajo o cero costo, les permitirían reducir los costos por kilogramo producido y simultáneamente mejorar los precios en la comercialización de sus cosechas.

 

4) Los dejaría conscientes de que en el mundo moderno el éxito económico de los agricultores y ganaderos depende, muchísimo más, de conocimientos adecuados que de recursos abundantes. Por esta razón les sugeriría que no pierdan su tiempo protestando en frente al Banco Central, al Banco Rural o al Ministerio de Agricultura, por la sencilla razón de que no es allá donde están las verdaderas causas de la pobreza de los productores rurales. Les propondría que hagan sus protestas frente a nuestro disfuncional y anacrónico sistema de educación rural (facultades de educación y pedagogía/escuelas normales, escuelas fundamentales rurales, facultades de ciencias agrarias y servicios de extensión rural); porque es allá donde están las causas más profundas del subdesarrollo rural y consecuentemente allá deberán ser eliminadas. Les sugeriría que se organicen con sus vecinos, no para mendigar migajas de créditos paternalistas, sino para exigir que estas cuatro instituciones educativas proporcionen, a los extensionistas, a los maestros de las escuelas primarias  y a las familias rurales, conocimientos útiles, aplicables y eficaces en la corrección de las ineficiencias y por ende en la solución de los problemas de los agricultores y de la agricultura. Les insinuaría que den menos oídos a los políticos elocuentes y más oídos a los extensionistas competentes y a los agricultores más eficientes de sus comunidades.

 

5) A efectos de estimularlos a que ellos mismos sean los protagonistas de un desarrollo más endógeno (desde abajo hacia arriba y desde adentro hacia afuera de sus fincas y comunidades), les enseñaría cómo efectuar los llamados diagnósticos constructivos o pro-activos; es decir aquellos diagnósticos que buscan identificar las potencialidades y oportunidades de desarrollo existentes en sus fincas y comunidades rurales. Les recomendaría que eviten la mala costumbre de realizar aquellos diagnósticos paralizantes que enfatizan las restricciones existentes en sus fincas, las causas de sus problemas que ellos no puedan eliminar y los problemas que ellos no pueden solucionar. Justificaría este cambio de actitud diciéndoles que estos diagnósticos paralizantes:

 

i) son inocuos e inútiles porque conducen a proponer "soluciones" que los agricultores sencillamente no pueden adoptar y;

ii) los mencionados diagnósticos paralizantes sólo sirven para quienes al no tener capacidad técnica para solucionar los problemas económicos de los productores rurales, necesitan tener buenas excusas para ocultar su incapacidad.

 

6) Iniciaría el proceso de modernización/intensificación productiva utilizando plena y racionalmente los recursos productivos que los agricultores y ganaderos ya tienen disponibles, sean propios o de terceros. Es decir, empezaría por incrementar el rendimiento y/o la productividad de la mano de obra familiar, de la tierra y de los animales que ellos ya utilizan, antes de reivindicar que los gobiernos les proporcionen más créditos para adquirir más tierra y más animales. Les indicaría que, como regla general, es más conveniente y factible incrementar el rendimiento productivo de una vaca o de una hectárea de tierra, que aumentar la cantidad de vacas o de hectáreas. Les diría que sus animales suelen producir poca carne, leche o lana, no necesariamente por falta de animales de alto potencial genético o de tecnologías de alto costo, sino porque están mal alimentados y llenos de parásitos. Y les demostraría que los alimentos necesarios para incrementar los rendimientos de la ganadería pueden ser producidos en sus propias fincas, a través del aumento cuantitativo y del mejoramiento nutricional de las pasturas y de la auto producción de raciones balanceadas, en vez de adquirirlas de las grandes corporaciones multinacionales.  

 

7) A efectos de que todos los productores rurales, inclusive los más pobres, puedan volverse más eficientes y más productivos, les sugeriría que empiecen la intensificación/modernización productiva adoptando las tecnologías más sencillas/de bajo costo; y recién después de hacerlo, avancen de manera progresiva hacia las innovaciones más complejas y de mayor costo. Les recomendaría que los factores de modernización más caros y escasos (más tierra, más animales, más créditos, más maquinaria) sean complementos en la introducción de innovaciones tecnológicas, y no condicionantes para empezarla; o que su falta no sea una excusa para no iniciarla. Les demostraría que a través de esta gradualidad, el más pobre de los agricultores puede empezar a solucionar, por etapas, sus problemas, sin necesidad de contar con altas decisiones políticas, créditos, insumos de alto rendimiento e inversiones de alto costo.  Porque a través de esta estrategia de gradualidad que consiste en partir de lo posible para llegar a lo deseable, la primera etapa de tecnificación permite generar dentro de sus propias fincas  los recursos necesarios para financiar la segunda etapa, y así sucesivamente. Les indicaría que esta gradualidad contribuiría a romper la inercia de los agricultores más conservadores, porque eliminaría el seudo-motivo (falta de ayuda gubernamental) que supuestamente les "impediría" asumir como suya la iniciativa de empezar a corregir sus ineficiencias y de solucionar sus problemas. Les demostraría que, en muchos casos, los "motivos" que los productores rurales creen que les "impiden" desarrollarse, son más ficticios o imaginarios  que reales.

 

8) Les recomendaría que huyan de los monocultivos y saquen provecho de las extraordinarias ventajas de diversificar la producción agrícola e integrarla con la producción pecuaria también diversificada; de modo que exista una especie de simbiosis o sinergia entre ambas. Les diría que una finca adecuadamente diversificada puede desempeñar el papel de "supermercado" que alimenta la familia, de "banco de crédito rural", que genera permanentes ingresos familiares, de "compañía de seguros" y de "agencia de empleos". Porque, si el clima lo permite, la finca diversificada puede generar alimentos para la familia y para los animales, ingresos familiares, insumos y ocupación productiva para todos los miembros de la familia durante todos los 365 días del año. Les diría que la diversificación productiva es la mejor "vacuna"/antídoto contra la dependencia del paternalismo gubernamental y contra las incertidumbres y vulnerabilidades de clima, de mercado, de plagas y de enfermedades. Les advertiría que el monocultivo los vuelve, excesiva e innecesariamente, dependientes del crédito rural, porque suele proporcionarles apenas una o dos cosechas (e ingresos) al año, mientras que sus gastos, productivos y familiares, ocurren durante todos los 365 días del año. Les insinuaría que si el crédito rural fuese tan eficaz como suele afirmarse, no tendríamos tantos agricultores tan fuertemente endeudados. A los productores que utilizan/disponen de una superficie de tierra muy limitada los capacitaría para que puedan reemplazar los cultivos que son consumidos por los pobres (maíz, arroz, porotos/frijoles, trigo, camote, yuca, etc.) por otros más sofisticados y de mayor densidad económica que son consumidos por los ricos (productos orgánicos sin utilización de agroquímicos, fresas/frutillas, higos, melones, granadillas, pitahayas, espárragos, brócolis, alcachofas, berenjenas, flores, plantas aromáticas, medicinales y ornamentales, plantones de frutales, miel de abejas, crianza de peces, etc.) que les permitan obtener más dinero por metro cuadrado de tierra o por animal en distintas épocas del año.

 

9) Estimularía la inmediata y progresiva formación de grupos asociativos/cooperativos para facilitar y hacer factible la solución de aquellos problemas que ellos no pueden, o no les conviene solucionar en forma individual, como por ejemplo: las inversiones de mayor costo y la reducción de los eslabones de las cadenas de intermediación; ya sea en la adquisición de los insumos o en la comercialización de sus cosechas. Les sugeriría que no sigan cometiendo el siguiente "suicidio económico" que está tan generalizado en la empobrecida agricultura latinoamericana:

 

a) vender los ingredientes que ellos producen en sus fincas (maíz, soya, sorgo, alfalfa), al primer eslabón de la cadena de intermediación, con cero de valor agregado, y… algunas semanas después.

 

b) adquirir las raciones balanceadas, que fueron fabricadas con los mismos  ingredientes que fueron cosechados en sus propias fincas; pero ahora comprarlas con alto valor agregado y del último eslabón de intermediación. Les diría que si siguen practicando este individualismo autodestructivo serán cada vez más vulnerables a la acción expropiatoria/parasitaria de las multinacionales que fabrican dichas raciones y de los intermediarios que las comercializan. Porque seguirán, innecesariamente, pagando los fletes, los impuestos y los peajes para transportar las mencionadas materias primas desde sus fincas hasta las lejanas y urbanas fábricas de raciones y desde éstas hasta sus fincas en las cuales ellas fueron producidas; todo ello pagado con el sudor, el individualismo y la ingenuidad de los productores rurales. En resumen, les sugeriría que no vendan maíz, sorgo, alfalfa y soya al primer intermediario; y sí que transformen estas "commodities" en raciones balanceadas, y con ellas alimenten a sus vacas lecheras, cerdos y pollos para que produzcan leche y carnes  a las cuales los agricultores, a través de sus cooperativas, incorporen valor agregado y las comercialicen con menor intermediación.

 

¿Cómo hacerlo? El cómo llevar a la práctica esta estrategia emancipadora del paternalismo gubernamental  está descrito en los textos, todos gratuitos, que están disponibles en la siguiente página web: www.polanlacki.com.br   o solicitarlos a través del teléfono (00-55-41) 32432366