RENTABILIDAD EN LA AGRICULTURA:

¿con más subsidios o con más profesionalismo?

 

  Polan Lacki  E-Mails: Polan.Lacki@onda.com.br y Polan.Lacki@uol.com.br                                  

 

La agricultura latinoamericana está sometida a una profunda contradicción: a) por un lado, tiene la urgente necesidad de modernizarse porque si no lo hace sencillamente no podrá enfrentar la fuertemente subsidiada agricultura de los países desarrollados; y b) por otro lado, los gobiernos de esta Región, además de no subsidiar y no adoptar medidas proteccionistas en favor de sus agricultores, están reduciendo exactamente aquellos recursos y servicios con los cuales tradicionalmente se ha intentado hacer esta imprescindible modernización.

 

Desgraciadamente, existen evidencias de que nuestros agricultores tendrán que seguir enfrentando esta injusta contradicción, por las siguientes razones:

 

1 .A pesar de los avances logrados en la Ronda Uruguay del GATT, lo más probable es que los países desarrollados seguirán subsidiando y/o protegiendo a sus agricultores, ya sea a través de barreras arancelarias o no arancelarias (sanitarias, ambientales, etc.), entre otras razones porque les conviene y disponen de recursos para hacerlo, con el agravante de que los países en desarrollo no tienen el suficiente poder político para impedir que lo hagan.

 

2.La adversa pero indesmentible realidad es que los gobiernos de los países latinoamericanos, aunque quisiesen subsidiar a sus

productores, no dispondrían de los recursos en la cantidad que sería necesaria para contrarrestar los subsidios que otorgan los países desarrollados'1.

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque quisiesen adoptar medidas proteccionistas (como por

ejemplo: prohibir la importación de rubros producidos en el país o elevar sus aranceles de importación) nuestros gobiernos encontrarían serias dificultades para hacerlo por la siguiente razón: dichas medidas beneficiarían a una minoría de habitantes (apenas aquellos agricultores que producen el rubro protegido) pero perjudicarían a la gran y creciente mayoría nacional constituida por los consumidores, quienes tendrían que pagar un precio más alto por el producto protegido.  A modo de ejemplo, en Brasil existen 6 millones de personas dedicadas a la producción lechera (1.200.000 familias) pero son 159 millones los brasileños que necesitan tomar leche y muchos de ellos sólo podrán hacerlo en la medida que se logre disminuir su precio.  Si hacemos comparaciones similares con otros productos agrícolas en distintos países de América Latina concluiremos que el enfrentamiento de intereses entre los mayoritarios consumidores y los minoritarios agricultores -estemos o no de acuerdo con ello- será cada vez más desfavorable a estos últimos.

 

 

Los conocimientos emancipan a los agricultores de las dependencias, los subsidios las perpetúan

 

Ante un escenario tan desalentador, solicitar a los gobiernos que contrarresten las distorsiones del negocio agrícola2 por la vía simplista y cómoda   del     proteccionismo   y de los   subsidios   -por  mejores que sean las

intenciones de quienes lo hagan- es un planteamiento que además de utópico es altamente perjudicial a los agricultores porque los induce a reivindicar al Estado lo que éste no está en condiciones de proporcionarles, en circunstancias que los productores deberían dedicar todo su tiempo y esfuerzo en forma mucho más objetiva y fructífera a:

 

a)identificar las ineficiencias tecnológicas, gerenciales y organizativas3 que suelen ocurrir en los distintos eslabones del negocio agrícola, porque son éstas evidentemente las causas más importantes que les están impidiendo tener rentabilidad y competitividad; y

 

b)asumir como suya la tarea de eliminar dichas ineficiencias porque esta es la alternativa más realista para que puedan prescindir de los subsidios y de las medidas proteccionistas.

 

Ante la progresiva insuficiencia de recursos fiscales, el conceder

subsidios sería probablemente una de las soluciones más inadecuadas.  Estos además de estimular la ineficiencia tienen el inconveniente de perpetuar la dependencia que los agricultores tienen del Estado porque no es suficiente concedérselos una única vez sino que hay que hacerlo en forma recurrente a cada año o ciclo de cultivo; en circunstancias que lo más lógico y razonable sería hacer exactamente lo contrario, es decir, promover la eficiencia de los agricultores para emanciparlos lo más rápido posible de la referida dependencia.

 

El escenario actual nos indica que existen muchos motivos para que los agricultores no sigan depositando demasiadas esperanzas de que su viabilidad económica   será   lograda  a   través   de  abundantes  créditos  subvencionados,

refinanciación de deudas, subsidios, tasas arancelarias compensatorias o elevación del valor del dólar, entre otras razones, porque es virtualmente imposible que el poder público satisfaga estos reclamos en favor de un porcentaje significativo de agricultores.  No necesariamente porque los gobiernos no quieran sino porque no tienen recursos, continuidad administrativa ni agilidad operativa o porque no conviene (al interés nacional en su globalidad) hacerlo.

 

Es necesario decírselo con esta transparencia, porque de lo contrario los agricultores:

 

 

 

 

Una terrible disyuntiva: agricultor muy eficiente o ex-agricultor

 

Estas nefastas utopías populistas deberán ser reemplazadas por planteamientos realistas y honestos que partan por reconocer que ante el adverso escenario recién descrito, agricultura rentable y competitiva inexorablemente tendrá que ser sinónimo y consecuencia de agricultura muy eficiente; y que para lograrla la única solución factible es proporcionar a las familias rurales las tecnologías y la capacitación para que sepan y puedan corregir o eliminar las graves distorsiones técnico-productivas, de gestión predial, de procesamiento, de almacenaje y de comercialización; porque son ellas, y no necesariamente la falta de subsidios las que están impidiendo que la agricultura sea una actividad rentable y competitiva.  Mientras las referidas distorsiones no sean eliminadas, los cada vez más remotos artificialismos paternalistas seguirán siendo insuficientes e ineficaces.  Estas distorsiones provocadas por la falta de conocimientos, cuya importancia los productores suelen subestimar generalmente les causan muchísimo más daño económico que la falta de créditos, subsidios y proteccionismo que ellos insisten en sobrestimar.  Afortunadamente los agricultores más realistas ya se están dando cuenta que para tener rentabilidad y competitividad es indispensable que reúnan simultáneamente los siguientes prerrequisitos:

 

 

 

 

Estos antecedentes significan que, si los gobiernos no están en condiciones de conceder subsidios y adoptar medidas proteccionistas para contrarrestar las consecuencias de una agricultura ineficiente (dentro y fuera de las fincas), deberían como mínimo proporcionar a los agricultores los conocimientos y las habilidades que ellos necesitan para eliminar las causas que originan dichas ineficiencias.

 

Aunque en América Latina existan muchos honrosos y loables ejemplos de productores muy eficientes, desgraciadamente es necesario reconocer que la mayoría de los agricultores (no por su culpa evidentemente y a veces sin siquiera darse cuenta) comete algunos, varios o muchos errores  en  las distintas

etapas del negocio agrícola4 y esta es la principal razón por la cual no tienen rentabilidad y competitividad.  Desgraciadamente, los rendimientos promedio de la agricultura y ganadería latinoamericana son tan bajos que por sí solos demuestran en forma categórica e indesmentible que:

 

a)los errores cometidos por la mayoría de los agricultores y/o de sus obreros son primarios5 5 y son provocados principalmente por la falta de conocimientos elementales; es fácil constatar que la corrección de los errores recién descritos no necesariamente requiere de créditos, insumos y equipos de alto costo; y

 

b)estos errores podrían ser eliminados si el Estado, directamente o en forma delegada, les proporcionase tan solamente la capacitación y las tecnologías que ellos necesitan para adoptar en forma correcta las ocho medidas propuestas a partir de la página 14 de este texto; las que,  dicho sea de paso, no requieren de recursos adicionales sino que de tecnologías de bajo o cero costo para que sean compatibles con los recursos que ellos ya poseen.

 

Si estos bajísimos rendimientos6 demuestran que las ineficiencias productivas ocurren fundamentalmente por la falta de conocimientos, habilidades y destrezas, el camino lógico es corregirlas con tecnologías y capacitación y no contrarrestarlas con subsidios y medidas proteccionistas; porque mientras persistan dichos errores, los rendimientos seguirán siendo muy bajos y consecuentemente los costos unitarios de producción serán tan elevados que aunque existieran subsidios, éstos no serían suficientes para hacer de esta agricultura ineficiente una actividad rentable y competitiva.  Este es indiscutiblemente el problema de fondo, el que debido a su contundencia y evidencia nadie tiene el derecho de seguir ignorando.

 

 

Eficiencia:si no se puede lograrla con más recursos es necesario hacerlo con mejores conocimientos

 

Además de reconocer lo imprescindible de tecnificar sus cultivos y crianzas los agricultores están siendo obligados a enfrentar la siguiente restricción adicional: existe cada vez menos crédito rural oficial y éste es cada vez menos subsidiario.  Ello significa la necesidad de capacitar a los agricultores para que sepan utilizar los factores de producción, propios o adquiridos, en forma mucho más parsimonioso y eficiente, proporcionándoles las   condiciones   más   favorables   para   que   cada    unidad   de   fertilizante,

maquinaria, animal o tierra pueda expresar todas sus potencialidades y de esta forma produzca una mayor cantidad de producto.  La prioridad deberá consistir en optimizar la productividad o rendimiento de cada factor de producción ya existente antes de adquirirlo en mayor cantidad; a modo de ejemplo, reducir de 24 meses (promedio latinoamericano) a 12 meses el intervalo entre partos, en vez (o antes) de duplicar innecesariamente el número de vacas.  En el mundo moderno los insumos intelectuales y las tecnologías de proceso deberán, según las circunstancias, preceder, potenciar o reemplazar los insumos materiales y las tecnologías de producto7

En resumen, el modelo "exogenista" a través de¡ cual, durante décadas, se ha intentado viabilizar económicamente a los agricultores está en acelerado proceso de agotamiento.  Los gobiernos no están en condiciones de hacerlo por la vía artificial de los subsidios, tasas arancelarias compensatorias, valor artificial del dólar, etc.; tampoco pueden modernizar la agricultura exclusivamente a través del modelo convencional porque no están en condiciones de proporcionar a la totalidad de los productores todos los factores clásicos de modernización que dicho modelo exige (crédito, fertilizantes, pesticidas, raciones industrializadas, semillas híbridas, maquinaria, etc.).

 

Sin embargo, a pesar de todas sus restricciones, los gobiernos no pueden olvidarse que la grandeza de la mayoría de los países de la Región fue construida gracias a las generosas transferencias de riquezas producidas por la agricultura y por los agricultores; por neoliberales que sean, los gobiernos no pueden desobligarse de su indeclinable deber de proporcionarles como mínimo

una excelente formación y capacitación ya que ellos son la única alternativa que permitirá a las familias rurales alcanzar una vida digna en el campo, a pesar del insuficiente apoyo estatal; es fundamental que ellas logren alcanzarla en el campo, entre muchas otras razones porque ni los gobiernos ni el sector urbano-industrial tienen la más remota posibilidad de absorberlos en condiciones decorosas en las ciudades8 en las cuales una peligrosísima bomba de tiempo está siendo silenciosa pero rápidamente armada a partir de las gravísimas y casi inmanejables consecuencias del éxodo rural.

 

 

¿Mendigar paliativos perpetuadoresde dependencias o exigir instrumentos emancipadores de ellas?

 

Existe una evidente desproporción entre las múltiples y urgentes necesidades de millones de familias rurales y las limitadas posibilidades de los gobiernos en satisfacerlas.  Este adverso desbalance exige que los escasos recursos del Estado sean destinados prioritariamente a la formación y capacitación de los productores y obreros rurales, de modo que sepan contrarrestar, vía incremento de la productividad o rendimiento, dicha insuficiencia de recursos.  Sólo a través de un fuerte componente educativo los gobiernos podrán impulsar un modelo más endógeno, más autogestionario, más autosustentado, de modo que los agricultores puedan desarrollarse con menor dependencia de los recursos y servicios oficiales, los que debido a su marcada insuficiencia el Estado no está en condiciones de proporcionarles; es decir, a través de una estrategia esencialmente educativa, el poder público debería adoptar   un   modelo  emancipador  de  dependencias  en reemplazo al añejo y

agotado modelo perpetuador de ellas9 .  Para que la equidad no siga siendo una insultante retórica es necesario que los proyectos de desarrollo financiados con los escasos recursos fiscales sean simultáneamente de menor costo, perdurables en el tiempo (que no sea necesario repetir sus actividades cada año) y replicables en el espacio (que gracias a sus evidentes bondades se difundan a otros agricultores en forma más espontánea).  Será posible hacerlo en la medida en que los referidos proyectos tengan un fuerte componente de educación instrumental, es decir, una educación cuyo propósito central sea proporcionar a las familias rurales los conocimientos necesarios para que ellas mismas puedan solucionar sus problemas.

 

El agotamiento del referido modelo exogenista recomienda que los agricultores no sigan perdiendo inútilmente su tiempo en la humillante actitud de mendigar medidas perpetuadoras de dependencias del retórico paternalismo estatal y que dediquen este tiempo a la actitud digna de exigir que los gobiernos les proporcionen los instrumentos emancipadores (estímulo a la organización, tecnologías, formación y capacitación) para que ellos mismos puedan corregir las distorsiones mencionadas en las notas al pie de página N° 3, 4 y 5, y gracias a ello consigan independizarse del referido paternalismo.

 

Es por todas estas razones que los agricultores deberán actualizar sus pautas de reivindicaciones, reemplazando los pedidos utópicos por otros que sean realmente   factibles   de   ser   proporcionados por  el  Estado :  ellos  necesitan darse cuenta que la solución de sus problemas no siempre ni necesariamente está en el Congreso Nacional, Ministerio de Hacienda o Banco Central donde ellos buscan, generalmente sin éxito, viabilizarse económicamente a través de leyes agrícolas, decisiones políticas, nuevos créditos, refinanciación de deudas, subsidios y medidas proteccionistas.  No porque dichas instituciones no quieran hacerlo o porque estos instrumentos clásicos no sean deseables, sino porque:

 

a)las principales causas de la falta de rentabilidad son debidas a las ineficiencias tecnológicas, gerenciales y organizativas cuya corrección exige una idoneidad técnica que las referidas instituciones no poseen; y

 

b)estas instituciones tampoco disponen de los recursos en la cantidad suficiente para contrarrestar con subsidios las consecuencias de las ineficiencias mencionadas en el punto anterior.

 

Los líderes rurales más lúcidos ya se están percatando de que los principales problemas de sus representados no necesariamente son provocados por la inadecuación de las políticas crediticias, impositivas, arancelarias o cambiarias, sino que en muchos casos son debidos a distorsiones tecnológicas, gerenciales y organizativas; y que en tales casos sus soluciones tienen que ser formuladas y ejecutadas principalmente por instituciones y personas que tengan el cometido y la idoneidad técnica para solucionarlos por la vía tecnológica, gerencia] y organizativa.  Debido a ello, los agricultores deberán buscar la solución a sus problemas también y especialmente en las facultades y escuelas agrícolas de nivel medio, en los organismos de investigación agrícola, en los servicios de extensión rural y en las escuelas básicas rurales, porque son ellas las que producen y difunden el factor conocimiento, el único que tiene la capacidad de volverlos menos vulnerables a (o menos dependientes de) las políticas crediticias, impositivas, arancelarias y cambiarias.  Es necesario volverlos     menos     vulnerables  a  dichas   políticas  porque   suelen    series

adversas debido a que son formuladas para responder al interés nacional, el que muchas veces desgraciadamente no coincide con el interés sectorial de la agricultura, por legítimo que éste sea.

 

 

¿Cómo liberarse de un Estado ineficiente sin caer en la dependencia de un agribusiness eficiente pero expropiador?

Los agricultores conscientes de que el nuevo escenario internacional los está obligando a que ellos mismos se encarguen de solucionar sus propios problemas y que muchos de éstos tendrán que ser resueltos en sus propias fincas y comunidades, deberán exigir que los gobiernos pongan en práctica un modelo emancipador de dependencias externas el que debería tener las siguientes características:

 

1 .El Estado debería otorgar mayor apoyo político y financiero a las instituciones emancipadoras, ya sean públicas o privadas, que producen y difunden conocimientos (facultades y escuelas agro-técnicas, organismos de investigación, servicios de asistencia técnica y extensión rural y escuelas básicas rurales).  Debido a que en el mundo moderno ellas tienen una extraordinaria importancia estratégica, la sociedad no puede negarles los recursos adicionales cuando éstos sean realmente necesarios.  Sin embargo, este apoyo deberá estar condicionado a, que ellas eliminen sus eventuales sobredimensionamientos, ociosidades, burocracias y gastos improductivos y se sometan a una profunda reingeniería de eficiencia para que se vuelvan mucho más funcionales y demuestren real capacidad de ofrecer soluciones concretas a los problemas de los agricultores; otorgar a estas cinco instituciones más recursos para que "sigan haciendo más de lo mismo" sin exigir antes de ello una profunda reforma "eficientizadora” sería un grave error porque se trata de cambiar en forma radical (no de perpetuar) lo que ellas actualmente están haciendo.   De no  exigirlo   se continuará legitimándola inaceptable paradoja de que gran parte de los recursos, de por sí ya insuficientes que el Estado asigna para solucionar los problemas de los agricultores sean destinados a financiar  inercias e intereses corporativos de instituciones que  seguirán:formando profesionales y técnicos para el desempleo, generando tecnologías que los agricultores no pueden adoptar ,manteniendo extensionistas recluidos en las oficinas y enseñando en las escuelas básicas rurales contenidos irrelevantes para las necesidades de vida y de trabajo imperantes en el campo.  Es contra estos despilfarros y distorsiones que los agricultores deberán protestar, antes de seguir pidiendo más subsidios.

 

2.Estas instituciones emancipadoras, además de proporcionar a las familias rurales los conocimientos, aptitudes y destrezas, deberían estimularlas a que cambien de actitudes para que ellas mismas, al desarrollar su capacidad personal y comunitaria sepan, puedan y quieran10 :

 

a)Introducir innovaciones productivas, gerenciales y comerciales que contribuyan a corregir los gravísimos errores y distorsiones que ocurren en los distintos eslabones de la cadena agroalimentaria, desde que el insumo sale de la industria hasta que el alimento llega a la casa del consumidor.

 

b)Constituir sus propios mecanismos de recepción (desde afuera) y prestación (hacia adentro) de servicios para que éstos reemplacen al Estado en el suministro de recursos y de servicios necesarios para corregir las distorsiones mencionadas en el punto anterior.

 

c)Organizarse en grupos para poder transformarse en propietarios de ciertas etapas o eslabones del "agribusiness", encargándose de ejecutar   en    forma    grupal     algunas    actividades     previas a la siembra y posteriores a la cosecha, con el fin de evitar que sigan pagando innecesariamente precios cada vez más altos por los insumos y recibiendo precios cada vez más bajos en la venta de sus excedentes.

 

Los agricultores tendrán que darse cuenta que la cada vez más injusta relación insumo/producto (ver nota al pie de página No. 3) provocada en gran parte por su falta de organización, junto con los bajísimos rendimientos de sus cultivos y crianzas, provocados por la falta de tecnologías y de capacitación, son indiscutiblemente las principales razones por las cuales ellos no consiguen ganar dinero haciendo agricultura.

 

 

El desarrollo desde abajo y desde adentro

 

Estas instituciones emancipadoras deberían tener como uno de sus objetivos más importantes profesionalizar a los agricultores para otorgarles capacidad de autogestión técnica y empresarial.  Al adquirirla podrán adoptar en forma eficiente, correcta e integral las siguientes medidas que los liberarán de la excesiva y muchas veces innecesaria dependencia del Estado y del agribusiness:

1.Priorizar la introducción de "insumos intelectuales" en los hogares, fincas y comunidades con el fin de que todos los miembros de cada familia rural incrementen su productividad y desarrollen su capacidad y voluntad de solucionar ellos mismos sus problemas tecnológicos, económicos y sociales.

 

2.Empezar la tecnificación de la agricultura a través de innovaciones de bajo o cero costo, las que al no requerir insumos externos, estén al alcance de todos los agricultores.  Los ingresos adicionales que ellos obtengan como consecuencia de esta primera etapa de tecnificación deberán financiar los insumos externos que son necesarios apenas en las etapas más avanzadas de modernización.  Esta gradualidad, al permitir que los recursos para modernizar la agricultura sean auto-generados en las propias fincas, es la mejor estrategia para desmitificar lo imprescindible del crédito rural oficial; y para evitar que su insuficiencia siga constituyéndose, ad infinitum, en un obstáculo real o una cómoda excusa para justificar "por qué" los agricultores más pobres no tienen acceso a la modernización y a la prosperidad.  Los factores escasos deberán ser un complemento dentro de un proceso gradual de tecnificación y no un condicionante para empezarla.

 

3.Incrementar la productividad o rendimiento de la tierra, maquinaria y animales, que los agricultores ya poseen, antes de inducirles a que adquieran estos factores caros en mayor cantidad; esta es la mejor alternativa para contrarrestar la marcada insuficiencia de estos factores, los que debido a su alto precio los agricultores no pueden y a veces no deben adquirir en mayor cantidad.  Si una vaca produce cuatro litros de leche al día (promedio de América Latina) la prioridad deberá consistir en alimentarla adecuadamente para duplicar o triplicar este rendimiento en vez de endeudar innecesariamente al productor para que adquiera una segunda o tercera vaca.

 

4.Administrar los predios en forma eficiente con el fin de usar íntegra, permanente y racionalmente todos los recursos disponibles.  En muchas fincas ocurren ociosidades y sobredimensionamientos, los que en virtud de su persistencia y reiteración ni siquiera son percibidos por los agricultores; ambos podrían ser disminuidos si los productores formasen grupos para adquisición y uso en común de aquellos factores que debido a su alto costo y/o baja frecuencia de utilización económicamente no se justifica poseerlos en forma individual; como por ejemplo: sementales, ensiladoras, motosierras, enfardadoras, trilladoras instalaciones  para   la   maternidad  y  cría   de   lechones,  etc.  Especial atención deberá ser otorgada para que todos los miembros de cada familia rural tengan, durante todo el año, ocupación productiva y generadora de ingresos, especialmente vía diversificación de rubros y verticalización de la agricultura (auto-producción de insumos y procesamiento primario de los excedentes en las propias fincas).

 

5.Diversificar la producción con el doble propósito de disminuir la dependencia de insumos externos (vía reciclaje de modo que los productos y desechos de su propia agricultura se conviertan en insumos para su ganadería y viceversa) y de reducir riesgos sanitarios, climáticos y de mercado, muchos de ellos innecesarios y fácilmente evitables.  Agregar o reemplazar en forma gradual los cultivos tradicionales de baja densidad económica (yuca, camote, fríjol, maíz, arroz, etc.) que son vendidos a consumidores pobres, otros más sofisticados o diferenciados que puedan ser ofrecidos a consumidores de mayor poder adquisitivo.  Agregar o reemplazar significa que los agricultores tienen la opción de introducir rubros más sofisticados o diferenciados "en vez" o "además" de los rubros poco valorados que tradicionalmente producen.

 

6.Disminuir las importantes pérdidas que  ocurren durante y después de la cosecha; gran parte de los escasos recursos y del inmenso esfuerzo que hacen los agricultores para producir más se pierden en forma inaceptable debido a la no adopción de medidas elementales y de bajo costo, que permitirían proteger mejor lo que ya fue producido.

 

7.Hacer el procesamiento primario de las cosechas, aunque sea en pequeñas agroindustrias familiares o comunitarias, con el fin de incorporarles valor y de conservarlas para poder diferir su venta para épocas de mejores precios.  En muchos casos es posible que sean los propios agricultores, y no necesariamente los agroindustriales o comerciantes,      quienes    se   beneficien   del   precio  adicional   que los consumidores actualmente están pagando en los supermercados por el embalaje y "maquillaje"11 de los productos agrícolas.

 

8.Reducir, a través de la organización empresarial (no de la sindical o política) de los agricultores, los excesivos eslabones de las cadenas de intermediación con el doble propósito de disminuir el costo de los insumos e incrementar el precio de venta de los excedentes.  En el mundo moderno, el excesivo y muchas veces innecesario eslabonamiento que ocurre antes de la siembra y después de la cosecha se está constituyendo en una de las más importantes razones por las cuales la actividad agrícola es un "mal negocio", especialmente para aquellos agricultores que, sin darse cuenta del grave error del cual son víctimas y/o culpables, se encargan exclusivamente de la etapa de producción propiamente tal y delegan, por ingenuidad o comodidad, a los intermediarios y agroindustrias las otras dos etapas.

 

En la medida de lo posible la organización empresarial de los agricultores debería proponerse alcanzar en forma gradual y progresiva los siguientes objetivos:

 

 

 

El logro gradual de estos dos objetivos permitirá disminuir las injustas y exageradas diferencias que actualmente ocurren:

 

 

 

Los agricultores que adopten en forma correcta e integral (no parcial o aislada) tan sólo estas ocho medidas disminuirán al mínimo la cantidad y el costo de las entradas, reducirán los costos unitarios de producción e incrementarán al máximo la cantidad, la calidad y el precio de venta de las salidas.  Y es apenas esto lo que ellos necesitan para: a) alcanzar la rentabilidad y competitividad gracias a su propia eficiencia tecnológica, gerencial y organizativa; b) emanciparse del paternalismo estatal al prescindir o por lo menos disminuir su actual dependencia del crédito oficial, de los subsidios y de medidas proteccionistas; y c) estancar la injusta transferencia de renta desde el empobrecido sector agrícola hacia las pujantes corporaciones agroindustriales, comerciales y financieras; transferencia que ocurrió en el antiguo paternalismo estatal y sigue ocurriendo en el moderno agribusiness.

 

 

 

Los agricultores deberán dirigir sus reivindicaciones a otros destinatarios

 

Si estas premisas son verdaderas, los gremios de agricultores no deberán tener muchos motivos para seguir dirigiendo obsoletas e infructuosas reivindicaciones a las instituciones (Congreso Nacional, Ministerio de Hacienda Banco Central, etc.) que antiguamente contrarrestaban o compensaban, a través de subsidios y otros artificialismos, los efectos de las ineficiencias del negocio agrícola.  Pero sí deberán tener muchos motivos para direccionar sus reivindicaciones hacia las mencionadas cinco instituciones emancipadoras porque solamente ellas tienen la capacidad de transformarlos en empresarios, quienes al volverse realmente eficientes sencillamente no necesitarán subsidios.  Estas manifestaciones de los agricultores deberán:

 

a)Demostrar a las referidas instituciones emancipadoras que, debido a la apertura de los mercados, a la escasez del crédito y a la eliminación de los subsidios, ellas se han vuelto disfuncionales y no están respondiendo a las nuevas restricciones ni a las nuevas oportunidades que se están abriendo a los agricultores.

 

b)Convocarlas para que asuman una mayor parte de responsabilidad en la solución de los problemas del sector agropecuario porque en el mundo moderno dicha solución depende: i) mucho más de la excelencia en la generación/difusión de innovaciones y en la formación/capacitación de recursos humanos; y ii) mucho menos de la formulación de políticas crediticias, impositivas, arancelarias y cambiarias, las que a pesar de los inmensos recursos que han manejado en las últimas décadas no han sido capaces de sacar a la agricultura de la crisis en la cual está sumergida.

 

c)Exigir que dichas instituciones demuestren, con hechos y no con palabras, que tienen real capacidad de actuar como agencias "desarrolladoras" de las potencialidades de las familias rurales, con el propósito de transformar cada una de ellas en agente de su propio desarrollo.

 

 

 

Una breve conclusión

 

Los productores agropecuarios no pueden y no deben renunciar a su legítimo derecho de reivindicar que el Estado cumpla con su deber de proporcionarles los instrumentos mínimos que ellos necesitan para poder hacer una agricultura rentable y competitiva.

 

Sin embargo, tendrán mayor posibilidad de éxito en la medida en que:

 

 

 

 

Una reflexión final

 

"Cuando los remedios no tienen suficiente eficacia para curar las enfermedades es necesario curar los remedios, para que éstos curen al enfermo" (Padre Vieira, Sermãaaao de Santo Antonio).

 

Página Web de Polan Lacki :  http://www.polanlacki.com.br

 

 

1 Sólo en 1992, los países desarrollados concedieron a sus agricultores subsidios

1 por el monto de U$ 356.000 millones de dólares; para efectos

2omparativos es interesante mencionar que en ese mismo año el monto de la deuda externa de los 33 países de América Latina y el Caribe era aproximadamente 418.000 millones de dólares.

22 Distorsiones que ocurren dentro y fuera de las fincas, antes, durante y después de la etapa de producción propiamente tal, y que son cometidas no apenas por los agricultores y sus obreros , sino también por los fabricantes y distribuidores de insumos y por los compradores, procesadores y comercializadores de los excedentes agrícolas.

3 Por falta de organización , los agricultores : i) compran los insumos con alto valor agregado, al por menor y del último eslabón de una larga cadena de intermediación ; y ii) venden sus excedentes sin incorporarles valor, al por mayor y al primer eslabón de la referida cadena. Es decir , hacen en ambas etapas exactamente lo contrario de lo que deberían y les convendría hacer, incrementando innecesariamente sus costos de transacción.

4 En el acceso a los factores de producción, en la utilización de los recursos disponibles, en la selección y combinación de cultivos y crianzas, en la administración de las fincas, en la aplicación de las tecnologías, en la cosecha y en el almacenaje, en el procesamiento y comercialización de los excedentes.

45  Como por ejemplo: no llevar los registros mínimos indispensables para mejorar la administración predial; sembrar fuera de época y con densidad inadecuada; no diversificar los rubros productivos; no hacer rotaciones con leguminosas o no inocularlas; no incorporar materia orgánica al suelo; no sembrar en nivel, desperdiciar el estiércol, quemar los rastrojos; no hacer análisis del suelo; no hacer test de germinación; no regular la sembradora, retrasar la eliminación de las malezas; no cosechar en el momento oportuno y no regular la cosechadora; no adoptar medidas básicas de prevención contra las enfermedades y “parasitosis” de los animales, como por ejemplo: vacunarlos y “desparasitarlos”, asegurarles el calostro en la primera hora de vida, higienizar a las hembras y las instalaciones antes del parto, proteger contra la intemperie y desinfectar el ombligo de los recién nacidos, etc., alimentar adecuadamente a los animales en base a componentes que podrían ser auto-producidos en sus propias fincas, lavar sus manos y los tetos de las vacas antes del ordeño, etc.

5 

6 En América Latina una hectárea de tierra produce en promedio apenas:

61.677 kg de trigo, 2.207 kg de maíz, 2.343 kg de sorgo, 782 kg de fríjol, 9.790

6kg deyuca, 12.808 kg de papas; una vaca produce en promedio apenas 1.268

6lts de leche al año, tiene su primer ternero a los 42 meses de vida pudiendo

6tenerlo antes de los 28 meses y el intervalo entre partos es de 24 meses pudiendo serlo de 12 o 13 meses; un novillo lleva un promedio de 54 meses para alcanzar el peso de abate, pudiendo llegar a dicho peso antes de 30 meses

7 La factibilidad técnica y económica de todas las proposiciones de este texto, inclusive la de hacer una agricultura menos dependiente de crédito, equipos modernos, subsidios y proteccionismo está ampliamente demostrada en el documento "Desarrollo agropecuario: de la dependencia al protagonismo del agricultor".  Los interesados podrán encontrarlo en la sección “publicaciones” de la siguiente página Web:   http://www.rlc.fao.org

8 Existen investigaciones que indican que generar un empleo urbano cuesta seis veces más que hacerlo en la zona rural; otros estudios informan que mantener a una familia en una ciudad grande cuesta al poder público 22 veces más caro que hacerlo en el campo.  Entonces, si en la actualidad los gobiernos, supuestamente por falta de recursos financieros, no consiguen solucionar los problemas de las familias rurales en el campo ¿cómo podrán hacerlo en las ciudades si ello cuesta 6 o 22 veces más caro?

9 Se aclara que menor dependencia no significa desvincular a los agricultores de los mercados y de las modernas cadenas agroalimentarias pero sí eliminar en forma progresiva aquellas dependencias que son realmente innecesarias, prescindibles y hasta dañinas  a sus intereses; los agricultores deberán agruparse para que además de encargarse de la etapa de producción propiamente tal puedan hacerse cargo y en forma gradual ir transformándose en propietarios de otros eslabones del negocio agrícola, como por ejemplo la auto-producción de algunos insumos y el procesamiento agroindustrial y la comercialización  de sus excedentes.

10 Tengan la motivación, voluntad y auto-confianza para hacerlo.

11 Limpieza, descascarado, “pulimiento”, clasificación, fraccionamiento, envasado o empaquetado, etiquetado, etc.